Regino Osés durante una entrevista que la concediera a El Diario años atrás.
Llegó a Pilar proyectando volver a su España natal, pero se identificó con el pueblo hasta llegar a ser un hombre fundamental en su crecimiento. Creador, entre otros logros, del edificio de Bomberos, Regino Osés falleció este domingo en el Hospital de Pilar, a los 98 años. Fue un ejemplo de lucha y perseverancia.
Se denominaba a sí mismo como un “trotamundos”, pero sin embargo Pilar despertó en él algo que lo hizo echar raíces de inmediato. Pocas personas pueden darse el lujo de decir que hicieron por una comunidad lo que logró a lo largo de los años Osés, uno de los vecinos más respetados del pueblo que interrumpió su periplo, de esa tierra de la que nunca se pudo ir.
Repasemos: en su haber se encuentran, entre otros logros, el monumental edificio de Bomberos Voluntarios, el colegio Tratado del Pilar, la llegada del Banco Nación... Por eso ayer, durante su velatorio en el propio cuartel de bomberos, nadie dejaba de reconocerlo como un tipo formidable.
En una entrevista que hace unos años le concedió a El Diario, con modestia afirmaba: “Para mí era tener algo en qué ocuparme, con la satisfacción de trabajar para la comunidad sin percibir un centavo”.
Nacido en Navarra, España, el 11 de febrero de 1914, vivió hasta su juventud junto a sus padres y sus once hermanos. Allí fue empleado de una usina eléctrica hasta hacer el servicio militar, en Marruecos. “Pasábamos privaciones, nunca hambre, que no es lo mismo. Pero con la Guerra Civil se derrumbó todo...”, se refería a las penurias pasadas durante ese período de la historia hispana.
Por sus ideas contrarias al régimen de Francisco Franco, Osés pasó seis años en la cárcel. “Me fueron achicando la pena –explica-: primero fui condenado a muerte, luego a reclusión perpetua. Tras la guerra, en una revisión de condenas me dieron 9 años, y si tenía el 50% cumplido podía salir en libertad. Como ya llevaba seis, me soltaron”. Eso sí: en aquella entrevista dejaba en claro que fue a prisión no por combatir “sino por mis ideas, no podía admitir una dictadura en España. En la cárcel entablé una buena relación con un capitán, que me pudo hacer salir. Pero no quise que me sacaran, no podía traicionar a 18 compañeros que estaban detenidos por lo mismo. Esa afrenta no la hubiese olvidado en la vida”.
Contra su pensamiento, la libertad conseguida no fue sinónimo de paz. Tras casarse y tener una hija, Regino sufrió la persecución que el Generalísimo entablaba contra sus opositores. “Me hicieron la vida imposible. No se podía estar, la policía te llevaba y te apaleaba sin motivo”. Así fue como a los 30 años decidió radicarse en Francia, para llegar a la Argentina luego de cumplir los 32.
Su arribo al país fue obra del azar, tan sólo porque las fronteras en Venezuela –el país al que había elegido para afincarse- estaban restringidas. “No sé por qué caí en Pilar, podría haber llegado a algún otro lugar. Yo esperaba quedarme algunos años hasta que cayera Franco y poder volver a España, pero la vida hace con uno lo que quiere, y no uno lo que quiere con la vida...”, señalaba con sencilla y profunda sabiduría.
El gran filántropo
Por más que en un principio Osés imaginara una estadía fugaz, sus primeros años en Pilar no le impidieron comenzar a diseñar una trayectoria brillante. “En ese entonces, Pilar era un pueblecito de 10 mil habitantes, con 8 o 10 calles pavimentadas. Se vivía una vida pueblerina, íntima y acogedora. Me integré desde un principio con todos, progresando y forjando ilusiones, las que se cumplen siempre, pero lo malo es no imaginarlas”, decía.
Tras fundar el mítico bar “La Alhambra”, luego de unos años decidió venderlo: “Considerando que ya tenía cierto ‘capitalito’, quise descansar un tiempo, pero no pude, no soy de los que se quedan”, recordaba. Así comenzó la sucesión de obras, vitales para el crecimiento de aquel “pueblecito”: por ejemplo, la fundación del colegio secundario oficial Tratado del Pilar, del que Don Regino formó parte de la cooperadora más de un año, o la llegada a la ciudad del Banco Nación: “en ese entonces había un solo banco -recuerda-, el Provincia, y se hacían colas inmensas. Yo buscaba algo importante, me propuse y logré traer la sucursal del Banco Nación, que durante 8 años funcionó en el salón del edificio de Bomberos”.
Precisamente, el edificio al que hacía mención era uno de los mayores orgullos de su vida. Es que, durante 30 años, Osés fue presidente de la institución, dejando como mayor legado la estructura de Tucumán e Ituzaingó. “Se hizo en 20 años, pero pensábamos hacerlo en cinco -confesaba-. Pasamos muchas épocas de gran inflación, aunque de a un ladrillo también se llega”. Además, agregaba que “costó mucho organizar a la institución. Sin una buena organización no se puede hacer nada”.
Pocos conocen, a su vez, el papel de relevancia que tuvo el español en la llegada del Parque Industrial. Osés recuerda una “reunión cumbre” entre él, el intendente Nicolás Ruiz Guiñazú y Meyer Oks, el empresario que ideó la creación del predio, hoy uno de los más importantes de Sudamérica.
Sobre este encuentro también le daba más detalles a El Diario en aquella entrevista realizada entonces por el periodista Alejandro Lafourcade.
“Oks llegó a las 5 de la tarde, lo recibimos los dos –relataba-. Me contó que tenía dos fábricas en Buenos Aires y que estaba completamente mareado… Quiso salir todas las tardes para despejarse, y cuando llegó a Pilar le dijo a su señora que en el lugar montaría un parque industrial. Yo le recomendé comprar una estancia de 200 hectáreas en Empalme (hoy Fátima), y con el tiempo el terreno se fue extendiendo. Me acuerdo que, cuando dijo que invertiría 40 millones de dólares, casi me desmayo”.
Poeta
Hasta sus últimos días Regino Osés vivió donde siempre, bien cerca de la plaza céntrica. El hombre que conocía cada rincón del Partido repartía su tiempo entre su hija, la lectura y la escritura de poemas, rubro en el que también se destaca: se había presentado en tres concursos (dos nacionales y uno internacional) y en uno de ellos había sido premiado.
Aquel trotamundos señalaba que “la calle es la mejor universidad, todos los días aprendés algo distinto” y hasta sus últimos días sostenía el pensamiento que lo alejó de su querida Navarra: “De un pueblo analfabeto verás poco progreso. Con buenas universidades habrá progreso y gente pensante: denme libros y no fusiles, porque el fusil es contrario a la paz. Cierren cuarteles y abran universidades”.
Su rol en el “Pilarazo”
“Una vez sola me tocó intervenir en política” –señaló Osés en aquella entrevista con El Diario-, fue en el “Pilarazo”. Así repasaba aquel acontecimiento: “A principios de la década de 1970 echaron al intendente Nicolás Ruiz Guiñazú. Él quería pavimentar 200 cuadras y llamó a licitación. En ese interín cambiaron las autoridades provinciales, y uno de los que licitaban vino recomendado por el gobernador, pero como la suya no fue la mejor propuesta no ganó la licitación. El gobernador, de bronca, lo destituyó y puso a otro que ya había estado, con un mal precedente”.
A eso le siguió la toma de la municipalidad, y desde La Plata mandaron a un intermediario, el señor Sava, que según Osés “estaba más desorientado que perro en cancha de bochas”. Don Regino cuenta que el funcionario “llamó a personas y entidades representativas, incluido Bomberos. Le dije que retire a los militares y a la policía, que esto era una cosa civil, y que resolveríamos el problema en un día. Hubo más o menos 5 mil personas en la plaza, proponiéndose tres postulantes para intendente. A Sava le dije ‘yo no trabajo gratis’, y pensó que le pediría dinero para mí, pero le pedí que Provincia mandara fondos para continuar la obra del edificio. Al día siguiente llegó un cheque de 6 millones de pesos de ese entonces”.
Para ese momento, el edificio tenía construida su primera planta: “Para hacer las obras siguientes nos habían pasado un presupuesto de 7,5 millones. Yo fui con el cheque de 6 millones que me había dado Sava y les dije ‘esto o nada’, y terminaron aceptando”. Con orgullo, aseguraba: “jamás me he quedado con un sólo centavo, inclusive he aportado de mi propio capital. Jamás me ofrecieron un puesto político, ni lo habría aceptado: lo correcto en política es ver cuánto uno puede dar, pero en cambio se piensa cuánto puede uno sacar”.
