Juegos y compañerismo en un pueblo rodeado por selva y tierra colorada.
La historia comenzó de menor a mayor. En un principio, los voluntarios veían escasas las posibilidades de concretar el viaje que una vez al año realizan a Misiones debido a que necesitaban cubrir el cupo de 25 personas para costear el colectivo y así llevar las donaciones. Finalmente fueron 34 los voluntarios que viajaron del 25 al 31 de diciembre para hacerles llegar a los habitantes del pueblo la ayuda que una vez al año esperan con ansiedad.
En total, los voluntarios llevaron a Misiones calzados para cerca de 500 chicos 100 cepillos de dientes con dentífrico, 70 frazadas, 20 colchones que sumaron 30 con los que se compraron allí y los más de 3000 juguetes recolectados gracias a la ayuda de la gente de Pilar y de El Palomar, entre otras cosas.
“Toda la parte de abajo del colectivo de doble piso estaba repleta, así como el portaequipajes y 10 de los asientos del piso superior”, contó Sergio sobre la gran cantidad de donaciones que recibieron los misioneros.
Además, los vecinos recibieron pastillas potabilizadoras para 200 mil litros de agua, 3 botiquines completos destinados a la aldea aborigen y a una escuela y 50 kilos de lana.
“Están tomando agua de vertiente, y por la sequía que azota el lugar no hay agua”, explicó Sergio Varela, uno de los voluntarios, sobre las difíciles condiciones.
Duplicar la apuesta
“Estamos realizando gestiones para volver a enviar ayuda en febrero”, contó el joven. Es que los voluntarios, apadrinados por la Biblioteca Palabras del Alma del barrio Peruzzotti, tienen pensado levantar una biblioteca allí, uno de los pedidos que los lugareños les hicieron.
Además, la idea es enviar más calzados, 300 metros de caño y una bomba de agua para una escuela rural a través de camiones que llegan a la Provincia de Buenos Aires con madera y mercadería y que regresan sin carga.
Desde los organizadores están planeando hacer otro viaje en invierno.
“Es increíble como año tras año encontramos mejoras”, explicó asombrado el joven voluntario. En cada visita encuentran que la ayuda se multiplica.
Tiempo atrás, volvían desilusionados debido a la ausencia de Estado en la región, pero en cada nuevo viaje encuentran que son los privados, poblaciones cercanas y organizaciones quienes se ocupan de tapar aquel agujero que los estigmatiza a los habitantes de la selva misionera. “Los bomberos que nos comenzaron a ayudar tiempo atrás, habían recibido su primer camión y hasta realizaron actividades con nosotros y con los más chicos. Incluso se metieron en la selva con la camioneta que utilizan sólo para uso protocolar para ayudarnos con la diligencia”, dijo Sergio Varela.
En joven también contó a El Diario sobre las diversas actividades recreativas que pensaron para los chicos de las aldeas. Uno de ellos fue la utilización del nuevo camión de bomberos para que los nenes, vestidos de bomberos, jugaran disparando con la manguera de agua.
“El último día me di cuenta que no es tan importante el juguete”, dijo el voluntario sobre la conmoción que se genera una vez al año en los distintos pueblitos, cuando ellos se hacen presentes con las donaciones y las ganas de ayudar.
Los pobladores de los distintos lugares que los voluntarios recorrieron en Misiones no sólo agradecieron la ayuda material, sino que también lo hicieron por la lluvia, que bromeando, decían traer cada año. Es que hacía 40 días que no llovía en la región, de las más húmedas del país, y el último día que los visitantes estuvieron en el lugar, llovió “en baldes”, contó Sergio.
Cada año es mayor la cantidad de donaciones por lo que en las próximas ediciones del viaje se buscará además, contratar a un camión para cubrir con la ayuda que desde Pilar y El Palomar se recolecta.
“Estamos pensando también en organizar un viaje para los chicos que, siendo de Misiones, no conocen las Cataratas del Iguazú”, indicó Varela.
A través de El Diario
Una madre y su hijo, voluntarios
Gracias a una nota publicada en El Diario, una voluntaria se enlistó junto a su hijo de 10 años para colaborar con el viaje solidario a Misiones. Yésica Vitali acostumbra a ayudar con eventos benéficos en la zona de Derqui pero ésta fue la primera vez que viajaba lejos de Pilar como voluntaria.
“Fue una experiencia inolvidable y lo volvería a hacer”, contó la mujer que según el grupo, es una excelente cocinera. “Se formó un grupo muy bueno”, contó la primeriza en la cruzada que este mismo grupo, coordinado por el profesor Hernán Nemi, viene realizando desde hace 5 años.