Pilar: ciudad no apta para personas con movilidad reducida

No hay rampas en todas las esquinas y muchas de las que existen están deterioradas o fueron mal construidas. Piden que se las controle y que se construyan más. Los proyectos que aún esperan.
jueves, 12 de enero de 2012 · 00:00

 

Rampa en Lagrave y Rivadavia. Su deterioro la convierte más en un obstáculo que en una ayuda.

 

 

La falta de rampas en la ciudad sigue siendo un obstáculo difícil de sortear para las personas con movilidad reducida. El Diario relevó las esquinas del centro de Pilar con resultados nada sorprendentes: las rampas que hace un año mostraban un notorio deterioro, continúan en el mismo estado e incluso más arruinadas. Mientras tanto, en muchas esquinas, brillan por su ausencia.

Es que en la mayoría de los casos, las que aún se mantienen intactas son demasiado altas y no permiten que la silla de ruedas pueda ascender a la vereda. Este caso se lo puede encontrar en la peatonal de la calle Rivadavia. Quien haya podido ascender a la misma con una silla de ruedas, encontrará que al descender sobre la calle Independencia, deberá considerar como único camino posible el asfalto ya que ninguna de las demás esquinas posee rampa para continuar su marcha sobre la vereda.

La Parroquia Nuestra Señora del Pilar, ubicada frente a la plaza 12 de Octubre, cuenta con una particularidad respecto a las rampas para discapacitados. Ésta presenta una gran amplitud ya que es la misma del ingreso de los autos, pero al acceder al templo se acrecientan las dificultades: la siguiente rampa está en mal estado y la que funciona como ingreso al edificio, está en parte rota y su paso, impedido por una puerta de rejas cerrada con llave. Si bien la plaza del centro de Pilar posee rampas que se han mantenido en buen estado, no todas las esquinas de las cuadras que la rodean las tienen. Incluso, algunas son proporcionalmente muy altas para que una silla de ruedas pueda subir por ellas.

 

Los casos

Ezequiel tiene 27 años y vive en Del Viso. Una discapacidad motriz lo dejó en una silla de ruedas. En ocasiones, viaja hacia el centro de Pilar donde vende turrones en la vía pública. Su travesía hacia la plaza 12 de Octubre se torna complicada desde que tiene que recorrer varias cuadras de tierra (cuando ésta no se ha transformado en barro luego de fuertes lluvias) hacia el primer colectivo con rampa que pase por la avenida Madero, de Del Viso. Luego, cuando desciende en la terminal de ómnibus de Pilar, debe hacer media cuadra en contramano por Hipólito Yrigoyen debido a que las rampas dentro de la terminal son demasiado altas. “Menos mal que aunque sea, las rampas de la plaza están bien hechas”, comentó.

Darío Dalinger es empleado de la Defensoría del Pueblo de Pilar. En 1994 sufrió un accidente que lo dejó en silla de ruedas. El hombre vive a 5 cuadras de su trabajo, pero asiste a la oficina en auto. “Cuando quiero venir en mi silla, tengo que abrirme 5 cuadras más, porque hay pocas rampas y encima en las veredas me encuentro con escalones y todo tipo de obstáculo”, contó el hombre que desde su trabajo siempre estuvo en el armado de proyectos para alentar a una mejor calidad de vida para personas con discapacidades motrices.

“Hace 7 años prometieron hacer muchas más rampas, pero nada cambió”, dijo con impotencia Darío.

Años atrás, la Defensoría del Pueblo hizo una serie de relevamientos sobre el transporte, las veredas y los colegios, para determinar así las falencias en las que se debería trabajar para facilitar un mejor acceso a personas con discapacidades motrices.

“Enviamos cartas a 60 colegios. Sólo 3 nos respondieron”, contó Dalinger sobre la iniciativa que se vio retrucada por la falta de interés de las instituciones de Pilar.

Por su parte, en 2006 también habían encarado un proyecto para que las líneas de colectivo comunales sumen más unidades con rampas.

 

Encuesta

Hace un año, El Diario publicaba un ranking de los mayores problemas urbanos considerados por la gente de Pilar. Con el 18% de los votos, el tercer lugar lo ocupaban las veredas rotas, cuyos obstáculos impiden la correcta circulación no sólo de sillas de ruedas sino también de cochecitos de bebés y personas con dificultades al caminar.

A raíz de los reclamos de la población, Obras Públicas comenzó a intimar a los frentistas que no colaboraran con la reparación de las mismas.

En sexto lugar, se situaban las veredas obstruidas, otra de las trampas que se topan en el camino de aquellos que lamentablemente deben circular en sillas de ruedas.

Dos puestos más abajo en el ranking, la falta y rotura de rampas demostraban la preocupación de aquellos que las necesitan para circular por las calles céntricas. Si bien hay déficit de rampas para discapacitados, existe otro problema que nace de los propios conductores.

Es que en menos de 70 días, la infracción qué más veces fue labrada fue la de los vehículos mal estacionados, entre los que se incluyen aquellos que lo hacen frente a las rampas perjudicando el único acceso para discapacitados.

 

 

 

Proyecto Corredor Accesible
En busca de un lugar para todos

Allá por el 2007, Darío Dalinger, de la Defensoría del Pueblo, recorrió el centro de Pilar en su silla de ruedas para registrar las rampas que hasta el momento existían. Por aquel entonces, impulsó un proyecto para que, al menos en algunos lugares clave de Pilar, se concrete la construcción de más rampas en las esquinas.

Lo llamó Corredor Accesible y buscaba asegurar a personas con movilidad reducida el correcto desplazamiento por las calles del centro, desde la estación de trenes de Pilar, pasando por el Hospital Juan C. Sanguinetti, luego por las calles que rodean la plaza 12 de Octubre y la terminal de colectivos, conectando también con la zona de los bancos, la comisaría y la fiscalía sobre Tucumán.

Este anhelo fue comentado a miembros del Consejo de Discapacidad del Municipio, pero perdió interés.

“Estoy pensando en presentarlo. No debería decirlo, pero estoy cansado de luchar y no conseguir nada”, contó el hombre que lleva 18 años en una silla de ruedas. “Desde aquella época la situación está igual”, afirmó. Asimismo, Dalinger quiso expresar un desafío para los funcionarios, en especial aquellos del área de Obras Públicas: “Les presto una silla de ruedas para que comprueben ellos mismos lo difícil que es circular por las calles de Pilar”. Según el hombre, “el incumplimiento de las leyes parece que se está haciendo costumbre”.

 

 

 

Puerta abierta, rampa cerrada. Ayer por la mañana, en la parroquia.

 

 

Integración
Modelos para armar

La Fundación Rumbos busca, a través de profesionales, la optimización de las condiciones del entorno físico y social, apuntando al ejercicio pleno de los derechos humanos y ciudadanos de las personas con discapacidad. Por tal motivo, encabezan un programa a nivel nacional llamado Ciudades Accesibles. En este programa, la fundación apoya y reconoce la iniciativa de organizaciones que apuntan a una accesibilidad concreta.

“Las ideas están, sólo falta voluntad”, contó Darío Dalinger, propulsor de varios proyectos en Pilar para favorecer a una mejor accesibilidad de personas con dificultades motrices. “Lo complejo es dedicarle la plata que solicita”, contó el hombre, quien mencionó el caso de la ciudad de Buenos Aires, que en los últimos años, ha puesto manos a la obra en el asunto, adornando sus esquinas con rampas premoldeadas.

“Son simples, rompen un espacio reducido y lo colocan. No tarda mucho”, mencionó Dalinger. “Es costoso, pero están bien hechas y prácticamente no hay error de alturas que lamentar después. Son 8 por esquina y paulatinamente se pueden hacer aunque sea en el casco céntrico de Pilar”, explicó. De ellas se pueden encontrar, por ejemplo, en la esquina de la Municipalidad, sobre la calle Bolívar.

 

Comentarios