Jesús Cabral denuncia permanentes atropellos del Servicio Penitnciario.
por Diego Schejtman [email protected]
Jesús Cabral sabe cómo es vivir en el infierno. A la pérdida de la libertad que implica la condena a cuatro años de cárcel que purga por tenencia de arma, le suma desde hace tiempo amenazas y torturas por las que acusa sistemáticamente al Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB).
La peor parte del calvario de Cabral no empezó con su detención ni con su condena. Fue a partir de su declaración como testigo en el juicio por el crimen de Ángel Marcos y Nancy Nolasco, ocurrido en diciembre de 2005, en Del Viso, que su tránsito por el sistema penal se hizo irrespirable.
Su testimonio fue clave para que la Justicia condenara a perpetua Hernán Ricardo Argüello Pomar. Se trata de un ex policía, que fue declarado autor del doble asesinato que conmovió tanto por su saña como por sus circunstancias: ambos murieron asfixiados con bolsas de supermercado y las manos atadas a la espalda. Además, al momento de su muerte, Marcos –docente y sindicalista- era secretario del entonces senador bonaerense y hoy titular del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS), José Molina (ver aparte).
Al parecer, Cabral no suele callarse. En la Unidad Penal 48, de José León Suárez, donde estaba alojado, cursa el cuarto año de Sociología en la Universidad de San Martín. Participa, también, de un taller de periodismo y colabora con la agencia Rodolfo Walsh, dedicada a difundir noticias vinculadas a las luchas sociales y los derechos humanos.
Fue a través del sitio web de la agencia (agenciawalsh.org) y de las página de la revista que edita, donde Cabral denunció muchas veces torturas sufridas en carne propia o por sus compañeros de detención, además de arbitrariedades y delitos de los guardias y responsables del penal. Así, se ganó el mote de “denunciero” con el que lo señalan los agentes del SPB y las consecuencias que su fama le trajo.
Traslado
En la madrugada del martes 3 de enero, Cabral fue sacado de su celda. Fue trasladado primero a la Unidad Nº 29, de Melchor Romero y, más tarde, a la 36, de Magdalena, donde aún se encuentra alojado.
Según consigna un cable de la Agencia Walsh, el SPB le mando sólo su ropa al nuevo destino. En su celda de San Martín habrían quedado su agenda, documentos públicos de derechos humanos, certificados de estudios y textos periodísticos sobre su caso.
Uno de esos artículos se había publicado poco días antes del traslado. En él, con un estilo crudo, Cabral relata la última sesión de tortura a la que fue sometido en la U48.
“Sucedió la noche del sábado 17 de diciembre, aproximadamente a las 21, momentos en que se realizaba el recuento del pabellón N° 12”, inicia el relato.
En ese momento, Cabral fue llevado al área de de control del penal con el argumento que debía recibir una notificación.
Ya en la oficina, se encontró con dos alcaides mayores del SPB, a los que identificó por sus apellidos: Zauli y Cerdá. Según cuenta, fue éste último el que “ordenó a otros dos oficiales que se encontraban en el lugar, que me redujeran en el piso, luego se sumaron dos guardias”.
Ya en el suelo, fue estrangulado hasta el borde de la asfixia, quemado con cigarrillos y golpeado con un palo de goma. “Cuando terminaron con el ritual de la tortura, llamaron a sanidad y alguien a quien no pude ver me inyectó una droga”, continuó Cabral.
Ya el lunes, después de haber dormido 18 horas seguidas, Cabral se presentó en la oficina de la Procuración bonaerense instalada dentro del mismo penal. El funcionario que lo atendió le dio intervención a la Unidad Funcional de Instrucción Nº 2 de San Martín y convocó a un médico forense, que constató los tormentos.
Mientras espera su libertad, que se produciría este año, hace intentos por volver a la Unidad 48, donde podrá continuar sus estudios.
Calesita
Quienes conocen de cerca el sistema penal aseguran que los traslados permanentes y arbitrarios son, junto a las torturas repetidamente denunciadas, formas de quebrar la voluntad de algunos detenidos. En la jerga, a ese sistema –más sutil que los golpes o el aislamiento- se lo conoce como “calesita”.
En la Navidad del 2005
El doble crimen
El crimen de Ángel Marcos y Nancy Nolasco ocurrió entre la Nochebuena y la Navidad del 2005, en la casa del docente que asesoraba en temas de educación al por entonces senador José Molina.
Ambos murieron por asfixia: fueron encontrados con sus manos atadas a la espalda con cables de computadoras y sus cabezas cubiertas por bolsas de nylon.
Para la Justicia, el móvil del crimen fue el robo; de hecho creen que los asesinos buscaban una importante cantidad de dinero -entre 30 y 40 mil dólares- que, sabían, Marcos escondía en su casa. Por eso se cree que habrían torturado a Marcos para lograr que confesara el lugar del escondite.
En 2010, el ex policía Hernán Argüello Pomar, fue condenado por el caso. Habría actuado junto a otro ex uniformado que murió en el 2008, huyendo de la policía.
