José Andrés Gallego inaugurará el “Club del Vino y Arte”, el próximo jueves en el restaurante Tinto y Soda. En una charla con El Diario habló sobre la cultura vinícola, el esnobismo y los mitos.
A tu salud. José Andrés Gallego, una vida que transcurre entre botellas, copas y sensaciones.
por Celeste Lafourcade
Enófilo y no enólogo, ni sommelier, ni ningún término sofisticado que se le parezca. Simplemente un “amante del vino”. Así se autoproclama José Andrés Gallego, cuyo currículum revela una vida de viajes, música y buenas sobremesas.
Su habilidad con el piano lo llevó a dormir en distintos hoteles del mundo donde –asegura- “siempre me gustaba quedarme en las barras”. Eso, más la tradición “vinera” de su familia configuraron un hombre que a sus 31 años dirige la vinoteca “El Pasillo” en el Km.37,5 de la Panamericana, ofrece degustaciones, tuvo su propia columna para hablar sobre vinos en la radio Rock&Pop y es capaz de aconsejar sobre etiquetas, precios, bodegas y calidad a quien se lo pregunte.
-¿Cómo empezó tu pasión por el vino?
- Vino arraigado culturalmente desde mi familia. Antes el vino se tomaba con soda con el asado, después se pasó a los grandes copones pero siempre estuvo en la cultura argentina. Vengo tomando vino desde que soy adolescente y para mí es una cuestión cultural, no una moda. Para mí el vino es como el arte, es algo muy noble… el enólogo que espera hacer su mejor cosecha, luchando en contra de las condiciones climáticas, es realmente muy noble.
-¿Cuál es la diferencia entre enólogo y sommelier?
- Enólogo es el que se encarga de hacer el vino, el que trabaja la tierra junto con el ingeniero agrónomo. El sommelier se encarga de vender y explicar el vino, las condiciones en las que fue hecho, las características, las cualidades y el que se encarga del servicio, por ejemplo la temperatura, que hace que el vino sea tomado en su plenitud, pero no es el que lo hace.
-¿Queda bien saber de vinos?
- Sí, hay una moda y es positivo porque se vende más y eso mejora la competencia. Pero cuando ya se empieza a hablar del vino como si fuera una ecuación matemática se aleja al vino del consumidor. Cuando explicás te tenés que adecuar a lo que el otro sabe de vino, si no, lo alejás.
-Pero entre los consumidores también hay esnobismo. ¿Están los que se llevan el vino más caro sólo porque queda bien?
- Sí, y trato de luchar constantemente contra eso. Trato de hacerlos conocer otras bodegas y no hablar de nombres sino de características. Me gustan las catas a ciegas. Cuando no sabés qué estás tomando no tenés prejuicio, no te condicionás con las marcas. Si tenés la mente abierta podés descubrir otros vinos.
-¿Hay que saber de vinos para poder disfrutarlos?
- No. Está bueno conocer ciertos tips para disfrutarlo más, como que no esté caliente porque si no pierde cualidades, o está bueno que te expliquen cómo degustarlo, porque entran en juego todos los sentidos, pero no es que hay que saber de vinos.
-Hay quienes dicen que después de un cierto precio, los vinos son todos más o menos iguales en calidad…
- En parte es así. Cuando el vino pasa por roble se encarece unos 9 dólares, eso es así. Pero pasado un precio uno paga más la exclusividad o la marca que la calidad.
-¿Cómo se educa el paladar?
- Entrenándolo como un músculo, también al olfato, la vista y el gusto, que se ponen en juego. Estudiando y leyendo, probando cepas.
Sólo un momento
Desmitificando el vino o lo que los “entendidos” hay impuesto sobre ellos, José afirma que “es una cuestión cultural y tiene que ver con el momento en el que uno lo tome”.
Así, cuenta que empezó con el tinto hace 15 años, que varias veces lo invitaron a tomar vinos inalcanzables para una billetera media argentina –algunos, incluso, no llegó a disfrutarlos porque “ya no sabía bien lo que estaba tomando”, aunque esa es otra anécdota-, y sin embargo jura que puede sentarse en una mesa del interior “y tomarme un vino Toro y disfrutarlo muchísimo”.
-¿La venta de las grandes bodegas argentinas a manos extranjeras repercutió en la calidad?
- Sí, claro. Si viene un francés a hacer vino acá viene de una tradición diferente y eso influye en la calidad y en el prestigio del vino argentino en el mundo.
-¿No pierde identidad?
- No creo, porque el enólogo francés busca la identidad de la tierra. Yo creo que influye para mejor y en todo sentido, por ejemplo, en la mayor cantidad de estilos de vino.
-¿Cuál es tu opinión sobre las bodegas boutique?
- Hay cosas excelentes. Me gusta el concepto en cuanto a que hacen pequeñas producciones y ponen la calidad en el vino y no en la propaganda.
-¿Qué vino no puede faltar en una cava doméstica?
- El mejor vino es el que uno tiene en su casa o en su mesa. El ánimo influye más en el disfrute que la calidad del vino. El vino lo asociás con el momento y eso es lo importante.
-¿Es la bebida que mejor nos representa a los argentinos?
- Sí, incluso lo nombraron bebida nacional. Además, gracias a la moda se está reinstaurando nuevamente. En los 70 lo que se tomaba en todas las mesas era vino con soda. Después la cerveza le ganó y ahora después del 1 a 1 que vinieron los enólogos, aparecieron los vinos finos y se generó un mercado importante. El vino es un camino del que es difícil que se vuelva, uno va conociendo, probando, y va formando mejor el paladar.
El primer jueves de cada mes
Un club para amigos del vino, en Pilar
Puesto a analizar la cultura vinícola en Pilar, José Andrés Gallego explicó que “hay vinotecas, venta de vinos, pero no hay propuestas agradables para que la gente pase un buen momento, mientras va conociendo de vinos”.
Precisamente, con esa idea, el próximo jueves se lanzará en conjunto con el restaurante Tinto y Soda y la galería Phos el “Club del Vino y Arte”, abierto a todos los que quieran sumarse, sin costo alguno.
El “Club de Vino y Arte” funcionará todos los primeros jueves de cada mes en el citado restaurante del Km. 50 de la Panamericana, donde se ofrecerán degustaciones, en simultáneo con exposiciones de arte plástico y música. “Enlazar el vino con el arte”, así lo definió el organizador responsable de las degustaciones, y adelantó que “la idea es explicar tips sobre cómo tomar vino para disfrutarlo mejor, cualidades, se probarán distintas bodegas”.
“Lo importante –continuó- es que la gente que concurra va a tener la oportunidad de opinar, de hablar de sus experiencias”. Tal como sucede en un club, “la idea es hacer de esto algo cultural, que reúna gente con la misma afinidad”.
Por otra parte, quienes se adhieran al club contarán con beneficios tanto en el restaurante como en la vinería “El Pasillo”. Los interesados deberán inscribirse con anticipación antes de cada encuentro, dado que los cupos son limitados.
El primer encuentro será el próximo jueves 7 de julio a las 19.30 en Tinto y Soda. Shopping Torres del Sol. Reservas: 02320 629554 / 153 174 6537. [email protected] / [email protected]. La participación no tiene costo alguno.
Ping-pong enófilo
El mejor vino de tu cava: Uno sudafricano, Chocolate Block.
El vino más inolvidable: El que tomamos en el cumpleaños de Gillespi en la Rock&Pop. Palo Alto. Pinot Noir.
El más caro que hayas probado: Chateau Lafitte 1985. 2.500 euros la botella. Lo abrió el dueño de un Club Med, en Francia en 2001.
Mejor combinación comida/vino: Asado con Malbec.
Un vino para tomar con amigos: Jean Bousquet. Gran Reserva Malbec. Es fácil de beber, muy frutado, es apto para todos los paladares.
Para conquistar a una mujer: Cosecha de Mayo. Es un vino dulce de bodega Del Fin del Mundo.
Un vino pendiente: Cobos Nico. Es un vino argentino (1.000 pesos la botella).
El podio de vinos argentinos: Oro: Altimus, bodega El Esteco. Plata: Palo Alto, Cavernet Sauvignon 12 meses. Bronce: Mariflor Pinot Noir.
Un vino barato y recomendable: Por 12 pesos se pueden tomar vinos salteños buenísimos.
