Imagen del palacio, de estilo francés, construido en el año 1936.
por Celeste Lafourcade
Los espectaculares jardines y la imponente construcción versallesca que se asoma detrás de sus muros fueron, durante décadas, escenario de leyendas, mitos y especulaciones por parte de quienes habitan en la zona.
Quizás por su estilo y por su magnitud, más habituales en relatos de ficción que en el paisaje cotidiano, historias y fantasías se tejieron en torno del exquisito palacio Ivry (también llamado Duhau) ubicado en Manuel Alberti, que supo ser una de las piezas más valiosas de la arquitectura en el país.
Propiedad de Alberto Duhau, médico descendiente de franceses, y de sus hermanas María y Faustina, la residencia Ivry -ubicada frente al country Tortugas- fue construida en 1936 y perteneció a la familia hasta principios de la década del 2000.
Exponente de una Belle Epoque tardía en Buenos Aires, el espectacular edificio construido sobre un predio de 27 hectáreas, está rodeado de tres parques bien diferenciados de estilos francés, inglés y provenzal, con lagos artificiales, fuentes y esculturas de personajes mitológicos.
La historia cuenta que para Alberto Duhau (sobrevivió a sus hermanas algunos años convirtiéndose en único propietario) fue la residencia Ivry -ideada como un lugar de retiro, descanso e inspiración- su máxima pasión, tal es así que nunca dejó de realizarle reformas, fundamentalmente en el jardín de estilo francés.
De arquitectura academicista francesa, que tuvo su auge en el siglo XIX, cada uno de los numerosos ambientes de la entonces residencia de campo están decorados con muebles traídos directamente de Italia y de Francia, de un estilo imperial que hacen aún más imponente el escenario.
Historia
El nombre de la residencia de campo de los Duhau –también llamado Hotel D´Ivry o Chateau D´Ivry- tiene su origen en el noble Charles Lamaise que recibió por parte del rey Enrique IV de Francia el título de marqués de Foullerac por su desempeño en la batalla de Ivry. Una de sus descendientes, Candelaria de Foullerac, fue la abuela materna de los Duhau.
Los tres propietarios de la residencia Ivry fueron hermanos, a su vez, de Luis Duhau, quien fuera ministro de Agricultura durante la presidencia de Agustín P. Justo.
Alberto fue médico, ganadero, aficionado a la decoración y filántropo. A lo largo de su vida colaboró frecuentemente con la Casa de Auxilio de José C. Paz, que finalmente se convirtió en el hospital que hoy lleva su nombre.
Como tantas de las familias patricias de la Argentina de principios de siglo XX, los Duhau fueron dueños, a su vez, de una buena cantidad de propiedades de los barrios más selectos de la ciudad de Buenos Aires, entre ellas, el edificio de departamentos en Parera y Av. Quintana y palacio Duhau ubicado sobre la avenida Alvear, una réplica de Château du Marais, donde actualmente funciona el hotel Hyatt.
Tanto la residencia Ivry como el resto de las propiedades de la mencionada familia, fueron obras del arquitecto francés León Dourge, formado en París y que pasó la mayor parte de su vida en la Argentina, donde cultivó un estilo que partió del academicismo francés –de esa época datan las obras referidas-, hasta recibir las influencias del racionalismo de Le Corbusier.
Barrio cerrado
Al morir sin herederos tanto Alberto como sus dos hermanas –los tres permanecieron solteros- la propiedad pasó a manos de un sobrino directo. Los últimos propietarios de la mansión fueron Santos y Mercedes Uribelarrea, sobrinos nietos de los Duhau, que finalmente en el año 2000 cedieron la propiedad a un fideicomiso integrado por el Banco Comafi y por una sociedad de la familia para el desarrollo de un barrio cerrado de 43 lotes, que requirió una inversión de 12,5 millones de pesos.
De esta manera, se cerraron las puertas y la posibilidad de acceder, quizás en calidad de museo, a las piezas más valiosas del patrimonio arquitectónico del país.

El arquitecto León Dourge, formado en París, es el responsable de la obra. Pasó la mayor parte de su vida en la Argentina
Foto antigua que muestra la fachada del palacio ubicado frente a Tortugas.
Imagen de uno de los tres jardines. En este caso se muestran los arcos.

Entrada principal al palacio. Hoy pertenece a un barrio privado.
Un Gitano en el Palacio
Dentro de las innumerables anécdotas que encierra el palacio, una de las más recordadas por la gente de la zona está ligada a la historia de la cinematografía argentina, y sobre todo, a uno de los máximos ídolos de la canción.
Fue en este recinto de Manuel Alberti, donde se filmaron varias tomas del primer éxito cinematográfico protagonizado por Sandro en 1969 junto a la actriz Cuny Vera.
En varias de las escenas puede verse a un Sandro principesco interpretando la canción “Para Elisa” frente a su partenaire, también enfundada en un imponente vestido de gala, rodeados de los espectaculares jardines y lagos artificiales de la residencia Ivry.
Una virgen, un fenómeno
Miles de turistas visitan cada fin de semana el Santuario de la convocante Virgen del Cerro, en Salta, donde se encuentra la ermita con la imagen de la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, en el marco de un imponente paisaje y en un ambiente de recogimiento.
El residencial barrio Tres Cerritos, en la zona norte de la capital y a unos 15 minutos del centro en vehículo, cada sábado vive la misma postal desde hace diez años, con un movimiento de miles de peregrinos y fieles que concurren al Santuario, en la cima de una de las tres serranías que le dan el nombre.
En la plataforma situada al pie del cerro -de unos 340 metros de altitutd- estacionan decenas de ómnibus de larga distancia que trasladan a turistas desde distintos puntos de Argentina y de países limítrofes, con la intención de asistir al Santuario.
Desde allí ya se percibe un ambiente especial y se pueden ver los diferentes y aceitados engranajes de una organización, conformada por unos 200 voluntarios, en especial jóvenes, identificados con un pañuelo celeste atado al cuello, que colaboran en diversas tareas durante la jornada.
Estos servidores, en absoluto silencio reciben, guían y organizan a los peregrinos en cada sector, cada uno en un rol diferente, inclusive después del descenso en cuestiones como la seguridad y la limpieza.
