Recorrer la calle Tucumán, en el centro de Pilar, y encontrarla semidesierta, es un hecho inusual que sólo puede producirse en enero o febrero. Es que, con la vuelta de las clases, han regresado los problemas de tránsito no sólo en esa arteria, sino también en múltiples zonas del distrito.
La de este viernes fue una jornada particularmente caótica para el centro de Pilar, por los dos accidentes casi simultáneos que se produjeron en la Panamericana (ver página 8). Sin embargo, cada año los problemas se repiten y sus causas son múltiples: un trazado que no ayuda –con calles angostas y pocas bocas de salida-, una cantidad de inspectores que parece no ser suficiente, la irresponsabilidad de algunos conductores y el aumento constante de la matrícula escolar y el parque automotor.
En diálogo con El Diario, la titular de la Dirección de Tránsito, Adriana Castro, explicó que “en verano tenemos una forma de trabajar distinta, ya que baja mucho el flujo de tránsito y tenemos reducido el personal. Pero después cada uno vuelve a las escuelas e en las que estaban cumpliendo sus funciones, aunque algunos fueron rotados”.
En este sentido, en el Partido muchas escuelas están ubicadas sobre rutas, o bien a pocos metros de ellas, como sucede en localidades como Presidente Derqui, Del Viso, Lagomarsino, Manuel Alberti, Villa Rosa, Fátima o Villa Astolfi.
Al hablar de las zonas más complicadas del distrito, Castro afirmó que “en horario escolar, todas son difíciles”, pero señaló como las más problemáticas “a los alrededores del Verbo Divino –ruta 25 y Panamericana- y el Colegio Evangélico de ruta 25 y Chubut. También hay lugares intermedios como la Escuela 43 en el barrio Pellegrini, o en Villa Rosa con las escuelas 13 y 14. En Lagomarsino –agregó-, si bien hay semáforo, es complicadísimo por la ruta”. A su vez, recordó que “en Villa Rosa, la semana pasada, un conductor pasó en rojo con un móvil y dos inspectores en el lugar, ni eso los frena. Lo paró en el semáforo siguiente una inspectora que fue avisada por handy”.
Precisamente, una de las situaciones más engorrosas es la de tener que colocar a un inspector en aquellos sitios en los que ya hay semáforo: “La gente viene a hacer el reclamo de que se pasaron el semáforo en rojo –expresó Castro-, pero ahí no tendría que haber un inspector, es una cuestión de educación y de cultura. Al haber semáforo tendríamos que prescindir del inspector y poder estar en otro lugar que sea más necesario, eso se lo tratamos de explicar a la gente”. Y agregó: “Hay tantos semáforos, esquinas y bocacalles que uno no puede tener una persona dedicada a ese sector. Tiene que estar en los lugares más conflictivos”.
La nota completa, este sábado en El Diario.