Pilar, cuna del “qué se yo”

El Tratado del Pilar, el suceso histórico más importante que tuvo lugar en esta tierras, es desconocido por gran parte de los pilarenses. Algunos alegan olvido, otros no ser nativos de la zona.

24 de febrero de 2011 - 00:00

 

Bailarines interpretaron «La Huella de Pilar» tema conmemorativo a la firma.

 

Hay que decirlo. Podría habernos tocado en suerte la Declaración de la Independencia, el nacimiento o la muerte de algún prócer, una batalla antológica o cualquier hecho relevante que diera lugar a un feriado nacional. Pero no, la historia quiso que en el reparto de acontecimientos a Pilar le tocara un pacto –importantísimo, por cierto- pero finalmente poco recordado incluso por los propios habitantes de la zona.

Convertido ya casi en un slogan publicitario de esos que se repiten pero no se meditan, la frase “Cuna del Federalismo” que acompaña a “Pilar”, parece no ser suficiente herramienta para darle relevancia a una fecha que pasa sin pena ni gloria para la mayoría de los locales.

Puede resultar pretencioso esperar que los argentinos memoricen todos los sucesos históricos, incluso los que no se conmemoran con un asueto, pero si los argentinos son - además- pilarenses, es esperable que recuerden el hecho histórico más importante sucedido en su territorio.

“El día de la Bandera”, fue una de las respuestas más elocuentes, entre las decenas de “qué se yo” que se sucedieron luego de la pregunta formulada en una encuesta callejera realizada por El Diario durante el día de ayer que se propuso averiguar “¿Qué se conmemora hoy, 23 de febrero, en Pilar?”

 

¿El qué?

Para muchos, encontrarse con un municipio cerrado una mañana de miércoles habitual –además de un disgusto que generó más de un insulto- fue una sorpresa sin explicación. La jerarquía que el municipio le viene dando a la fecha en los últimos siete años, con grandes palcos para las autoridades, actividades artísticas, desfile tradicional y pintada de cordones parece no haber alcanzado para que buena parte de los pilarenses tuviera presente al Tratado del Pilar.

En una averiguación sin rigor científico, pero genuina al fin, la mayoría de los encuestados respondió: “qué se yo” o “ni idea” al enfrentarse con la pregunta que los ponía a pensar sobre qué pasó un 23 de febrero en estos pagos.

Entre los escasísimos consultados (nueve, para ser más precisos) que respondieron correctamente a la pregunta, incluidos generosamente en este grupo los que se refirieron al hecho como “pacto tripartito” o “pacto de tres provincias”, sólo dos supieron contestar el segundo interrogante: ¿en qué consistió el Tratado del Pilar?

“No me acuerdo”, “algo con Uruguay… me mataste”, “fueron las tres provincias pero no me acuerdo”, fueron más o menos las respuestas. De todos los encuestados, sólo dos supieron responder con precisión que el tratado sentó las bases del federalismo nacional.

Mujeres, hombres, jóvenes y adultos. El desconocimiento no dejó sexo ni edad por alcanzar. Para muchos, la excusa fue no haber nacido en la zona. “Soy capitalina y vivo hace 10 años en Pilar”, dijo una mujer de 56 años. “El Tratado del Pilar”, respondió otra, pero el optimismo por el acierto se desvaneció rápidamente ante la sinceridad de la confesión posterior: “acabo de ir a la municipalidad y me dijeron que estaba cerrada por eso”. “Es que soy de los que se vinieron a vivir, pero no nací acá”, se excusó la amable mujer de 53 años.

 

La biblia y el calefón

Quizás fue una encuesta similar la que llevó a los responsables de la organización de la fiesta del tratado de incluir la siempre topísima palabra “polo” para atraer a los esquivos venidos y quedados a los festejos populares del 23 de febrero (finalmente, suspendidos por la lluvia).

La decisión -no exenta de críticas incluso en los propios pasillos municipales- y que puede aportar un granito de arena más al desconocimiento sobre el tema, llevó a más de uno a preguntarse qué tiene que ver el aristocrático deporte de los caballos con la conmemoración de un tratado histórico, además de la pujanza por quedarse con el slogan oficial (“Pilar, capital nacional del Polo” Vs. “Pilar, cuna del federalismo”).

Que la fecha quede afuera del ciclo lectivo y por ende no haya actos escolares para conmemorarla, que los colegios –especialmente los de Pilar- no hagan el hincapié suficiente para que sea recordada pueden ser algunas de las explicaciones que ayuden a entender el apático fenómeno.

Aunque, vale decirlo, quizás fue la propia historia la encargada de restarle importancia al tratado cuyas consecuencias fácticas aún se esperan. Si no, basta con recordar lo que el historiador Pacho O´Donnell decía hace un año atrás en el teatro Lope de Vega: “Pilar es la cuna de un federalismo que murió rápidamente (…) Argentina hoy es un país unitario, un país centralista”.

 

El Tratado del Pilar

El Tratado del Pilar fue firmado el 23 de febrero de 1820 luego de la derrota de las tropas unitarias porteñas en la primera batalla de Cepeda que tuvo lugar 22 días antes. Los firmantes fueron el por entonces gobernador interino de Buenos Aires, Manuel de Sarratea, y los gobernadores de la Liga Federal: Estanislao López, de Santa Fe y Francisco Ramírez de Entre Ríos.

Entre sus consecuencias más importantes, el pacto declaraba la unidad nacional y el sistema federal de gobierno y convocaba en un plazo de 60 días a la reunión de los diputados de las tres provincias para reorganizar el gobierno nacional.

 

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