La zapatería que desde hace 60 años acompaña el paso de los pilarenes

Es uno de los pocos comercios que se mantiene en pie luego de más de medio siglo. Conserva su fachada y entre sus estantes viven tanto anécdotas como el recuerdo de los clientes que han pasado.

6 de noviembre de 2011 - 00:00

 

Frente de Ritmo, en Rivadavia y Gamboa. La fachada es de 1912.

 

 

 

 

por Matías Saavedra

 

En la esquina de Rivadavia y Fermín Gamboa se encuentra un edificio que además de viejos ladrillos, está hecho de anécdotas que hacen a la historia de Pilar. Es la zapatería Ritmo, que desde hace 60 años calza a cuatro generaciones de pilarenses. Detrás de sus puertas, el olor característico del cuero remonta a cualquiera, a nuestros días de infancia cuando se debía ir a comprar zapatos nuevos para el colegio. O aquel momento de la elección de los zapatos para un casamiento o evento especial.

Todo comenzó el 31 de agosto de 1951. “Se nota que mi marido tenía hambre porque abrió a fin de mes”. Quien relata con emoción el nacimiento de este mítico comercio pilarense es Elsa Valentino, viuda de Aníbal Di Yorio, fundador de la zapatería.

“Mi marido era técnico químico. Cuando se recibió dijo que no iba a poder vivir de eso, así que le pidió plata a su padre y compró, junto a su cuñado, una vieja zapatería que había en esta esquina”, contó la mujer. Así nació el negocio por el que han pasado y lo siguen haciendo los pilarenses.

“El primer día no entró nadie porque estaba tan pituco que la gente creía que era exclusivo. Pero al día siguiente vino una mujer con su hijo de 6 o 7 años a comprar zapatos para el colegio. Mi marido le dijo al nene que cuando cumpliera 10 años volviera que le regalaría zapatos”. Y así fue, aquel pequeño volvió para que Aníbal cumpliera con su promesa. “Una tarde de hace como 8 años, vino un hombre y nos preguntó: ¿saben quién soy yo? Yo soy su primer cliente”, narró Elsa la emotiva historia.

 

De estilo

El lugar aún conserva el estilo que su dueño pensó en los años 50. Muebles que hacen al lugar y que se rehúsan a ser reemplazados por otros más modernos. “Nos pasa que cuando la gente viene y ve algo cambiado nos lo hace notar”, contó Carolina, hija del matrimonio. “Pasó cuando pusimos una pared. A la gente no le gusta el cambio, y creo que también por eso sigue viniendo a comprar zapatos año tras año”, continuó. “A veces paso por otras zapaterías modernas y no puedo entender lo que venden. Por eso la gente nos dice ‘los zapatos de Ritmo son caros pero buenos’”, concluyó.

Asimismo, Elsa contó la clave de tantos años del comercio en pie: “Trabajo, trabajo y más trabajo. Y por supuesto, buena atención, que es importantísimo.

 

Anécdotas

En la charla, no faltaron anécdotas inusuales como los tantos choques que se produjeron en la esquina de Rivadavia y Gamboa. “Una vez un Torino chocó contra la esquina y rompió la vidriera. Ese mismo día, un Peugeot se metió dentro de la zapatería por el agujero que había hecho el otro auto”, relató Elsa con humor.

O como aquella vez que un camión regador, manejado por un conductor ebrio, se metió literalmente dentro del local: “Sentimos el ruido de una bomba y nos asustamos porque en aquella época estaban los militares”, confesó la mujer. “Cuando nos acercamos, había un camión dentro de nuestro negocio, con un conductor tan borracho que no sabía lo que había pasado”, siguió.

Las historias continuaron con el abanico de personajes que pasaron por los zapatos del lugar. Un domingo, una clienta de la casa pidió que le abrieran para comprar zapatos para hombre. La mujer se llevó 2 pares, uno número 44 y otro 45. “Creí que eran para que la persona se probara los dos y se quedara con uno. Al otro día viene la mujer y le pregunto si le habían apretado los zapatos al hombre. La mujer me contestó que no sabía, que la persona estaba muerta”, describió Elsa, sin saber que los zapatos serían para el entierro de un hombre cuya religión acostumbra a enterrar a los muertos con zapatos. “Qué le van a molestar si estaba muerto!”, dijo la mujer entre carcajadas.

Otra. “Un conocido vecino de Pilar vino de jugar al fútbol para comprarse los zapatos de su casamiento quince minutos antes de la ceremonia”, agregó sobre otro cliente.

 

 

 

Fama internacional

 

Mientras este periodista dialogaba con las dueñas de la zapatería Ritmo, un cliente ingresó pidiendo mocasines. Se trataba de un pilarense radicado en Brasil que estaba de visita en el municipio en casa de sus hijos. “En Brasil no hay mocasines así. No es lo mismo”, contó el hombre que elige desde hace muchos años el lugar.

Es que muchos pilarenses que emigraron hacia otros vientos, aprovechan cada visita para comprar zapatos en Ritmo. “Quieren los de acá. Una señora de España siempre que vuelve se lleva dos o tres pares”, confesó Elsa entre otras historias similares. La fachada del lugar incluso fue utilizada en un comercial para la televisión italiana y un cortometraje español a cargo de la productora de Víctor Bo.

 

 

 

Elsa Valentino. La buena atención es la clave.

 

 

 

Año 1968, un camión se incrusta en el local.

 

 

 

Un vecino ejemplar

 

Aníbal Di Dorio, fundador de la zapatería Ritmo, nació en Pilar en 1926. Gracias a su aporte a la comunidad, tanto desde la zapatería como trabajando ad honorem para la municipalidad, fue distinguido hace algunos años por el intendente Humberto Zúccaro.

Como se mencionó, muchos años atrás había trabajado como asesor: “Una vez fue a averiguar el precio de quienes hacían los refugios para colectivos y lo quisieron coimear. El hombre le dijo ‘¿cuánto quiere para usted?’. Inmediatamente le dio una piña. Cuando volvió me dijo que no trabajaría más en eso porque si no mataba a alguno. Siempre fue muy derecho”, contó Elsa Valentino, viuda del dueño de la zapatería Ritmo.

Aníbal también había sido el primer presidente del Círculo de Automovilismo Deportivo de Pilar, que estaba situado en un local pegado a la zapatería. “Para él, la zapatería era su vida. Lo era todo. Para nosotros, también”, concluyó la señora.

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