El 26 por ciento de los partos en Pilar son de niñas y adolescentes

La estadística creció un 6 por ciento en los últimos tres años. Se tienen en cuenta datos de nenas y jóvenes de entre los 10 y los 19 años. La salud sexual sigue siendo un tema pendiente.

27 de noviembre de 2011 - 00:00

 

 

por Alejandro Benedetti
 

 

Hoy, siglo XXI, integramos los países globalizados y en vías de desarrollo. Y entre las numerosas realidades hay una muy cruda y semioculta. Tal es el caso de las niñas-madres en nuestro país. Cada vez es mayor el porcentaje de embarazos de niñas de entre 9 y 14 años. La cifra asusta aún más porque contribuye al alarmante porcentaje de primerizas adolescentes embarazadas.

 

Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, de los 700 mil nacimientos por año, 100 mil son hijos de madres menores de 19 años. A su vez, por año, nacen 3 mil bebés de madres que no superan los 15 años.

 

De acuerdo a datos del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), el 80% de las niñas-madres de 9 y 14 años tuvo hijos con varones que las superan en -al menos- 10 años, y un cuarto restante con hombres que son 20 años mayores.

 

En lo que respecta al Partido de Pilar, la situación no es muy distinta ya que en los últimos tres años los porcentajes aumentaron considerablemente. “Es una asignatura pendiente, y por eso instauraremos un campo de prueba en Presidente Derqui”, señaló el director del Hospital Materno Infantil Comodoro Meisner, Néstor Gómez, luego de subrayar algunos embarazos por abusos sexuales de familiares o gente de su entorno.

 

El porcentaje da escalofríos: el 26 por ciento de los partos en el Meisner fueron de niñas y adolescentes de entre los 10 y 14 años y los 15 y 19. “Hasta 2008 el porcentaje era del 20 por ciento”, apuntó el médico.

 

Como ejemplo se puede tomar el pasado septiembre. Hubo en el Meisner un total de 323 partos. De ellos, 3 fueron de nenas de entre 10 y 14 años, 83 de adolescentes de 15 a 19, 204 de mujeres de 20 a 34 y los restantes 33 con mujeres de 35 a 49 años.

 

“Los tres casos de las más chiquitas fueron muy delicados porque por su bajo peso corrían el riesgo de morir tanto ellas como sus bebés”, explicó Gómez.

 

Los números podrían no responder  estrictamente a la realidad local ya que son muchas las mujeres de distritos vecinos que llegan al Meisner para dar a luz. Claro está, no por eso deja de reflejar una dura realidad en el Conurbano.

 

La posible solución al serio problema está en la masiva educación sexual que se imparta, y para eso Gómez proyecta una prueba piloto en Derqui. “Es una experiencia que vi en Chile y dio muy buen resultado. La idea es reunir a colegios laicos y religiosos, sociedades de fomento, pastores evangelistas, psicólogos, médicos sexólogos, y luego dar charlas a las familias en clubes o escuelas, pero a su vez debemos fomentar líderes adolescentes barriales que recibieron la educación sexual para que pasen esa información a sus amigos y que también hagan un seguimiento de las niñas o jovencitas que ocultan su embarazo”.

 

 

 

Educación y abusos

 

Hace 30 años, con la explosión del HIV, la Organización Mundial de la Salud (OMS) determinó que la educación sexual es la herramienta idónea contra la actuación irreflexiva. La Argentina cuenta desde hace tres años con la Ley de Educación Sexual, que tímidamente se pone en marcha y demorará al menos otros cuatro años para llevarse a cabo correctamente.

 

La educación sexual transmite experiencias y conocimientos que mejoran el inicio de la vida sexual; pero sigue siendo una cuenta pendiente. Sobre todo si pensamos que en el 90 por ciento de los colegios religiosos se omite esa información. Y como nada es casualidad y todo es consecuencia, los abusos sexuales son el peor resultado de la falta de educación sexual. Tienen entre 10 y 14 años y muchas son víctimas de ese tipo de aberraciones.

 

Un estudio reciente del Ministerio de Salud de la Nación asegura que la tasa de fecundación en esa edad casi se duplicó en 40 años debido a abusos de familiares. Es alarmante: según la misma cartera, cada año unos 3 mil bebés nacen de chicas de entre 10 y 14 años sometidas por tíos en primer lugar, luego por abuelos, después por padrastros y, en ese orden, finalmente por primos. Pero lo más terrible es que, en un 60 por ciento de los casos, la madre de la niña víctima opta por callar y no denunciar la violación ya sea por “temor al qué dirán” o “amenazas de mi concubino”.  

 

 

 

 

 

Dónde buscar ayuda

 

 

 

• Programa de Asistencia a la Madre Adolescente de la Maternidad Ramón Sardá. Esteban de Luca 2151, Capital. Tel.: 4943-4250.

 

• Programa de Retención de Alumnas Madres del Gobierno porteño: 4372-6764 / 4372-6798.

 

• ALEGRANZA: Programa de la Comisión Arquidiocesana de Niñez y Adolescencia en Riesgo del Arzobispado de Bs. As.: Venezuela 4145. Tel: 4982-4611.

 

  

 

  

 

 

 

Los porqués de los embarazos

 

 

Algunas causas de un fenómeno que crece

 

 

 

 

• Iniciación temprana de las relaciones sexuales.

 

 

• Poco valor y estima que se le atribuye a la niña como mujer y como joven.

 

 

• Creencia de que la mujer sólo es para reproducirse y funciones domésticas.

 

 

• Discriminación social de la mujer y las pocas oportunidades que se le dan.

 

 

• Jóvenes bajo modelos aprendidos en la niñez que resaltan a la mujer al servicio de los hombres. 

 

 

• Por un lado, el valor de la virginidad y, por otro, la presión de una creciente cultura de liberación sexual.

 

 

• El 84% de las madres adolescentes conocían el preservativo, un 82% sabe de las pastillas anticonceptivas, y el 47% no se cuidó porque pensó que no quedaría embarazada. 

 

 

• En las familias: el 40% de las chicas dijeron sentirse “censuradas” para hablar de sexo con sus padres y la mitad confió que no les contaría que tuvo su primera vez. El 30% dijo “me matan” o “se enojarían mucho”.

 

 

• Aún así, el 76% dijo que la negativa de sus padres no alteró su decisión de debutar sexualmente.

 

 

• Los adolescentes, por rasgos típicos de su edad, son más proclives al acto que a la reflexión. 

 

 

 

 

 

Néstor Gómez e Ivana Scheller con las crudas estadísticas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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