A solas con Beatriz Michelini: “Es una herida que deja una cicatriz, pero se va cerrando”

  La masajista de María Marta García Belsunce dio una entrevista por primera vez en casi una década. “Se hizo justicia”, afirmó. Sobre lo ocurrido, expresó: “Fue un error que no voy a volver a cometer”.

domingo, 20 de noviembre de 2011 · 00:00

 

Beatriz Michelini ingresando a tribunales, acompañada de su hermano, uno de los pilares en los que se apoyó a lo largo de todos estos años.

 

 

por Alejandro Lafourcade a.lafourcade@pilaradiario.com

 

Y un día, una vez terminada una pesadilla que duró nueve años, Beatriz Michelini habló: quien fuera la masajista de María Marta García Belsunce accedió a una entrevista con El Diario en la que reafirmó su inocencia, esperanzada de poder retomar su vida normal luego de la absolución en el juicio por encubrimiento.

Se la nota calmada a Beatriz Michelini. Ya no se quiebra al hablar del caso que le cambió la vida, como le ocurría antes, aunque afirma que “todavía no reacciono”. Al momento de responder las preguntas está rodeada de su familia, como siempre, junto a su hermano, sus dos hijos y sus cuatro nietos.

Los adultos oyen la charla, ejerciendo el mismo manto protector silencioso que se extiende desde que el caso estalló, allá por octubre de 2002. Antes de comenzar, reiterará su deseo de no ser fotografiada, y durante la conversación se referirá a los familiares de María Marta como “ellos”.

“Le debo un agradecimiento a la gente de Pilar, por todo lo que me apoyó y la buena onda que me transmitió desde el principio”, aclara al explicar por qué accedió a dar una entrevista. Además se apura en agradecer “también al Dr. Eduardo Ludueña, mi abogado. Quiero aclarar que Ludueña convocó a Roberto Ribas porque tenía un problema personal y tuvo que irse un mes del país, pero me dejó en muy buenas manos. Ribas continuó perfectamente la labor que Ludueña había hecho durante 9 años. Ludueña para mí es todo”.

 

-¿Qué sintió cuando escuchó la palabra “absolución”?

- No reaccioné. No pude reaccionar porque venía escuchando tantas cosas que decían los fiscales sobre lo que había sucedido, que estaba sin reacción. Después, en un momento una señora me dijo “Beatriz, ¿escuchaste? Te dieron la absolución”. Pero realmente no podía reaccionar, el Dr. Ribas me dijo que se llama “efecto casino”, como la persona que gana y no tiene reacción, por lo menos yo lo interpreté así. Igualmente, después lo ví por televisión. Me preguntan si festejé, pero realmente no. Sí estoy tranquila, sabía que todo iba a salir así, pero bueno, había que esperar, y fue una espera muy larga.

 

-¿Qué fue lo primero que hizo una vez que escuchó el fallo y volvió a su casa?

- La verdad, contesté algunos mensajes que me habían mandado, mi hermano y mi hijo -que me traían en el auto- lo pueden decir. En caso de que hubiera algún periodista o fotógrafo, ellos me habrían sacado, como lo han hecho siempre. Soy cero mediática, siempre me mantuve así.

 

-Precisamente, desde un primer momento la familia de María Marta tomó un perfil muy mediático. ¿Por qué usted prefirió todo lo contrario?

- Fue una decisión personal, yo soy cero mediática, de bajo perfil. Donde tenía que responder era ante la Justicia, no tenía que responder ante nada ni nadie más... Se dijeron muchísimas cosas, pero no he mirado mucha televisión, no he seguido el caso de lleno porque no quería que nada me confundiera. Por eso el día de la declaración, lo único que yo tenía era la vivencia de ese día.

 

Así, sorprende al afirmar que “no veía los informes: apenas muy poco, muy por arriba, a veces familiares o amigos me decían que habían escuchado tal cosa. Pero yo no me siento a mirar la TV para saber qué dijo uno o el otro, cada uno es responsable de lo que dice. Yo me mantuve solamente con la vivencia de ese día, porque me pone muy nerviosa todo lo que es periodismo, fotos, muy nerviosa… Lo único que quería era llegar al juicio y decirle a quien le tenía que decir, la Justicia, lo que había pasado, pura y exclusivamente.

 

-Le habrán sobrado ofertas para ir a canales de televisión…

- Todo el tiempo, todo el tiempo, pero nunca quise. Sobre todo al principio, cuando hacían guardia en la puerta de mi casa. Debo agradecerle a mi vecina, que me ha permitido saltar el tapial de su casa y salir por la otra cuadra (risas). Tenía guardias permanentes, pero cada vez que iba a un juzgado entraba por la puerta de adelante, porque nadie me conocía. Con mi hijo o con mi hermano, pero yo salía. Durante esa etapa mi hija fue mamá y no podía acompañarme, pero estaba sufriendo más en casa que los que me acompañaron. Ella me acompañaba desde acá.

 

-¿En quiénes se apoyó todos estos años?

- En mi esposo (falleció hace tres años y medio), mis hijos, la familia, los amigos… Los vecinos me han apoyado mucho también. No soy de salir mucho.

 

-¿Es una persona creyente?

- Totalmente, también tengo que agradecer por las cadenas de oración que se han hecho, por los mensajes, las llamadas de teléfono, un abrazo, una mirada, realmente todo eso me incentiva. Una junta todo ese apoyo y llega al final entera. También agradecerle a mi psicóloga, porque estaba en una etapa muy difícil.

 

-¿Iba desde antes a terapia?

- No, no, empecé a partir de todo esto.

 

-¿Estaba confiada, o realmente temía que pudieran llegar a condenarla?

- Ese temor siempre se tiene, aunque el Dr. Ludueña me dijera que todo estaba bien encaminado, pero hasta que no llega la hora final… Lo que pasa es que me querían meter a mí dentro de esas voces (se refiere a la pericia de sonido, en la que se oyen voces de fondo detrás de un llamado de Carrascosa) y una tiene ese temor. Yo sé lo que hice, pero había que esperar que el magistrado realmente entendiera que fue así. Después los peritos descartaron que fuera yo, pero con la insistencia de ellos, siendo tan mediáticos…

 

Mochila pesada

-¿Pudo hacer una vida normal durante estos años? ¿Cómo afectó todo esto su vida personal?

- Me afectó mucho, por eso me guardé tanto en mi casa. Cuando se comienza a hablar del caso, yo me resguardo en mi casa y de ahí no salgo. Desde este último período, hace dos meses que no salgo más que al almacén, a alguna reunión íntima, pero no soy de exponerme, soy más bien de guardarme, quedarme quieta y poner en orden mi cabeza. Supongo que a medida que vaya pasando el tiempo empezaré a salir más, pero la verdad es que me resguardo mucho en mi casa.

 

-¿Cómo califica lo que tuvo que pasar?

- Como un horror, para mí fue un horror. El otro día hablábamos con mi hija que 9 años es la edad de mi nieta, realmente desde que nació mi nieta estamos con el caso. Una se va a acordando de ciertas cosas día a día, y fueron 9 años de tortura. De a poco una va sacando piedra por piedra de su mochila, y cada vez pesa menos.

 

-¿Cree que va a poder superar definitivamente lo que vivió?

- Sí, yo trato de dejarlo atrás. Lo que pasa es que una lo va recordando de diferente manera. Antes escuchaba nombrar al caso García Belsunce y lloraba, me escondía. Ahora ya lo hablo, en otro momento no. Va pasando. Es una herida que deja una cicatriz, pero se va cerrando.

 

-¿Hay una Beatriz Michelini distinta después del caso María Marta?

- (Piensa) Una mira dos veces antes de hacer algo. Por ahí, si ahora tuviera que hacer algo no sé si lo haría... Yo soy una persona que reacciona y después piensa, hago y después pienso. Espero que realmente esto me sirva para el día de mañana decir “hasta aquí puedo hacer, más no”. Fue un error, un error que no voy a volver a cometer.

 

-¿Es capaz de perdonar a los que sospecharon de usted?

- Perdonar es divino. Yo sé que no hice nada, pueden tener un pensamiento equivocado mío, pero se hizo Justicia.

 

-¿Ha tenido contacto con los García Belsunce en este tiempo?

- No, desde que se supo que no fue un accidente, sino un asesinato. Creo que en diciembre de 2002 fue el último contacto con ellos.

 

-¿Qué opina de ellos?

- Yo traté de mantener mi vivencia, cada uno es dueño de sus actos.

 

-¿Cree que alguna vez se va a saber qué pasó ese día?

- Yo sé lo que hice yo. Qué fue lo que pasó, no lo sé.

-¿Cómo era María Marta?

- Conmigo era una persona muy buena, yo hacía dos años y medio que la atendía. Iba, le hacía masajes y me volvía, pero no me quedaba haciendo sociales. Como hago con cualquier paciente: voy, trabajo, puedo charlar alguna palabra, algún comentario, pero nada más. Pero era una buena persona.

 

 

Vivir de incógnito

-¿Le hizo las cosas más fáciles que la sociedad de Pilar la haya apoyado?

- Sí, totalmente, de lo contrario no hubiera salido de mi casa. Fueron años de escapar de un lado para el otro, decir que estaba en tal lado mientras estaba en casa… Fue bastante difícil esquivar a los medios. De hecho, el día que nació mi nieta me hicieron una guardia y me sacaron una foto, dos días antes de declarar. Incluso recuerdo y agradezco a “Pajarito” Acosta (fotógrafo de El Diario, fallecido en 2010), quien jamás trató de sacarme una foto, y eso que pudo haberlo hecho muchas veces.

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