Equinoterapia: rehabilitación al aire libre y convertida en juego

La disciplina es poco conocida, pero los resultados están a la vista. En Pilar, existen varios lugares donde chicos con capacidades diferentes son tratados a partir del contacto con el caballo.
domingo, 13 de noviembre de 2011 · 00:00

 

Hay equipo. Magdalena, Miguel y su madre y terapeuta Cecilia, junto a los caballos Milton y Rosita.

 

 

La tarde empieza a caer y a lo lejos se puede ver a tres mujeres rodear a un caballo que, junto a ellas, marca el paso de un pequeño jinete. Son Cecilia, Magdalena y Mariana, que, como si estuviera planeado, le regalan al unísono un “muy bien Santi” al pequeño que ha logrado que el imponente y tranquilo cuadrúpedo gire hacia su izquierda.

Santiago, con su corta edad, tiene un problema de postura y no posee equilibrio al caminar. A través de la equinoterapia, irá aprendiendo a corregir su andar. Como él, otros 12 chicos asisten una vez por semana al Club Hípico American, en Fátima, y por más de media hora realizan una cabalgata a paso de hombre para estimular el desarrollo de cada paciente.

La equinoterapia es una actividad en la cual se complementan distintas disciplinas para lograr la evolución tanto física, como sensorial y psíquica en chicos discapacitados. El caballo se convierte en un medio de transmisión para que se logre este propósito.

“Es el mejor fisioterapeuta”, opina Cecila Padilla, pediatra de profesión, y además, la especialista en la materia en el lugar.

“Lo bueno es que el chico viene con ganas y mientras juega, va avanzando en su tratamiento”, dice Ana, a cargo de la secretaría, quien hasta hace un tiempo acompañaba en las sesiones con los caballos.

 

Aprender a caminar

Aunque la disciplina no esté reconocida científicamente, sus resultados son comprobables. Pero la mayor satisfacción viene por parte de los padres que depositan en estas mujeres la confianza para que sus hijos puedan adaptarse mejor a la sociedad, para tratar trastornos de ansiedad, de personalidad y motrices, entre otros.

Ana contó una experiencia conmovedora de un nene de 5 años que nunca había caminado solo. Simplemente se agarraba permanentemente de su madre.

“Era un satélite de ella, y aunque el nene tenía todas las herramientas para caminar, por un desorden psicológico no lo hacía”, contó y mencionó que “a los 3 meses de empezar a montar, viene la madre emocionada y me dice: ‘no sabés lo que me pasó, el otro día en el jardín, se me escapó Maxi”.

Cuando los chicos llegan por primera vez, los padres deben llenar un formulario. Entre las distintas preguntas, se les pide que respondan qué es lo que esperan de la equinoterapia. “Se repite mucho que sea feliz, que encuentre un momento más distendido para que esté con la naturaleza, con un ser tan divino como es el caballo”, dijo la médica.

Es que, a diferencia de otras terapias, se realiza al aire libre, con todos los materiales que la naturaleza pone a disposición, y con un caballo como medio para que, en algunos meses, la evolución se haga notoria.

 

Como jugando

La terapia se disfraza de juego a cada momento, lo que lo convierte en una actividad también de diversión. “El juego es el primer acercamiento al conocimiento y también cambia su relación con el aprendizaje en otros ámbitos”, cuenta Magdalena, psicopedagoga y acompañante en el lugar.

Los problemas de autoestima también se tratan durante la sesión. Mariana, otra de las terapeutas contó a El Diario sobre los casos: “están arriba de algo mucho mas alto de lo que siempre acostumbran. De golpe pueden lograr cosas geniales. Capaz no pueden caminar, pero hacen que un animal tan grande pueda hacer lo que ellos le indican. Es un logro bastante importante porque están acostumbrados a que siempre los acompañen, que los lleven en una silla de ruedas, que les hagan todo”, relató y Cecilia agregó: “pasan de ser cuidados a cuidadores y eso conmueve”.

Mariana es licenciada en sistemas, y aunque no se dedicó profesionalmente a los caballos, siempre mantuvo una relación cercana con ellos y, desde el año pasado, acompaña a Cecilia durante las sesiones.

“Tenemos objetivos a corto plazo pero también hay una meta final”, contó vinculando su carrera con su labor al lado del caballo. “Cuando tenemos un chico con problemas motrices, primero se busca estabilizar el tronco y luego seguimos desbloqueando otras partes del cuerpo”, dijo otra de las mujeres sobre las pautas que, junto al médico del paciente, se proponen para apuntar a la mejora del chico.

 

Riesgos

La actividad no siempre es beneficiosa para un chico con ciertos problemas físicos, pero existen lugares donde se les da la terapia sin advertir ese riesgo.

Al no estar regulada, la disciplina y al tampoco existir una carrera propia, muchas personas brindan una terapia que a veces termina empeorando cualquier evolución que el chico puede lograr.

“Muchos vienen y dicen que fueron a otro lugar, cuentan lo que hacían y vemos que estaban perjudicando al niño porque nunca le pidieron una radiografía ni tampoco estuvieron en contacto con su médico”, contó Cecila sobre los problemas que puede ocasionar una mala terapia si no se lo trata con seriedad. “Con buena intención, también se puede hacer mal a alguien”, dijo Ana, directora del lugar.

“Nosotros siempre intentamos hacer el trabajo de a tres personas. Dos que controlan cada costado del caballo”, describió Magdalena, quien también habló sobre lugares donde un solo coordinador da la sesión a varios chicos con problemas diferentes.

“Cada uno necesita una terapia distinta. Desde lo social, las patologías tienen características diferentes. El chico autista se aísla y el síndrome de down es muy dado socialmente. Y no podes trabajar igual con los dos y pretender los mismos resultados”, dijo la joven psicopedagoga.

“Esto sólo puede hacerse con una dedicación personal. De estar encima nosotras y no que una sola persona dirija a varios”, afirmó.

Algunas obras sociales se que lo toman como fisioterapia para estímulos de neurodesarrollo. Otras no. Algunos médicos han demostrado cierta apatía por la equinoterapia debido a los problemas que pueden ocasionar si no se lo realiza correctamente.

“Algunos doctores han comentado que los pacientes volvieron peor después de andar a caballo y eso a veces hace mala fama”, dijo Cecilia.

Las mejoras que muestran decenas de chicos que pasaron del consultorio a la montura, sin embargo, son la mejor carta de presentación de la terapia.

 

 

De pediatra a terapeuta
El cambio de vida de Cecilia

Cecilia Padilla tiene 53 años y es pediatra. Además, es madre de Miguel, de 19 años, quien sufre una encefalopatía crónica no evolutiva, un problema del movimiento, de la postura y del tono muscular.

Cansada de la medicina convencional que incluso ella estudió y practica, se volcó hacia la equinoterapia para conseguir que Miguel pueda evolucionar en su tratamiento.

“Estaba harta de ir a fonoaudiología y a kinesiología toda la semana. Estaba cansada de los consultorios, tan cerrados. Así que cuando Miguel cumplió 10 años, fuimos a un lugar, que no es nuestra forma de trabajar aunque Miguel se bancaba eso, y a me encantaba que tuviera esa relación con el caballo”, contó con emoción Cecilia, con la mirada puesta en el rostro de su hijo.

“Ha avanzado muchísimo y ahora es él el que cepilla a los caballos, que prepara las riendas”, continuó.

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