“A los pies de la Virgen” o en un campamento del Pilar Viejo

Las referencias históricas señalan que el Tratado se firmó en la Capilla del Pilar Viejo. Pero no hay registro de ello en los libros. Pudo haberse sellado en un campamento de la zona.

21 de febrero de 2010 - 00:00

Pilar Viejo. Año 1799. Referencias: A: Capilla Nuestra Señora del Pilar. B: Rancho y Quinta de Clemente González. C: Estancia de la Virgen. D: Rancho y quinta de Dionisio Gutiérrez. 16: Rancho y quinta de Ramón de Pinazo. Los demás números señalan las casas del pueblo formado sin orden desde sus principios.

 

 

Sobre el lugar donde fue firmado el Tratado del Pilar, se ha dicho y se sigue repitiendo que fue en el interior de la Capilla, otros agregan "donde a los pies de la Virgen del Pilar oraron los caudillos federales". No hemos encontrado testimonio alguno que pruebe estas afirmaciones y en las anotaciones de los libros parroquiales de esos días nada se dice al respecto.

¿Puede haber omitido el cura dejar constancia de la presencia de semejantes personalidades y de las deliberaciones que dieron lugar a la firma de tan trascendental convenio de paz el 23 de febrero de 1820? Con respecto a los hechos y personajes que estamos analizando, Mitre sostiene: "Sarratea era el candidato del medio de unos, del egoísmo de otros y de la prudencia de todos. Este personaje, equívoco por sus conexiones secretas con los caudillos federales, por la composición de todos los partidos militantes, por la flexibilidad de su carácter, por las seguridades que personalmente había dado a los moderados del partido directorial creído que no aspiraba una restauración, ofrecía garantías de paz y de conciliación. Estas conexiones secretas las mantenía a través de Alvear y Carrera, si no ¿Cómo se explica su presencia en los campamentos de López y Ramírez? La firma del Tratado del Pilar, antes que transcurrieran 24 horas de la llegada de Sarratea, indica que ya estaba todo cocinado y los hábiles cocineros no fueron otros que Alvear y Carrera que revolvían la olla en la dirección concertada previamente con Sarratea.

Si bien el acta del acuerdo dice que fue firmado en "la Capilla del Pilar" no necesariamente debemos suponer que su escenario fue el templo religioso, ya que era costumbre citar el paraje por la referencia de su iglesia que era el centro de la reducida población situada a las márgenes del río Luján.

Muchos investigadores, por desconocer el sitio donde se hallaba la capilla en ese tiempo, la han asociado con el templo actual. Ejemplo de estos desaciertos podemos verlo en una publicación de la Revista "Todo es Historia", donde se muestra una fotografía de la ventana enrejada donde funciona actualmente el despacho parroquial como perteneciente a la capilla donde se firmó el tratado en 1820.Conviene aclarar que Ramírez no era gobernador de Entre Ríos – cargo que aquí se atribuye – sino lugarteniente y representante de José Gervasio Artigas. En el armisticio firmado el 17 febrero de 1820 en la villa de Luján, dicho jefe se tituló, por primera vez, gobernador de esa provincia y, en este mismo carácter, suscribió el Tratado del Pilar.

Antes del encuentro y de las conversaciones mantenidas con Sarratea, Francisco Ramírez había movilizado su ejército desde Luján y trasladado su cuartel a Pilar donde llegó el día 19, según lo expone en el oficio enviado a Soler, publicado por la Gaceta de Buenos Aires en su edición extraordinaria de la noche. Su campamento, entendemos, debe haberlo establecido muy cerca del pueblo y del río Luján, pues un vado situado en este cauce que tomó el nombre de "Paso de la Montonera", guarda relación con el afincamiento de las tropas federales y seguramente fue utilizado como un camino alternativo para cruzar con sus caballadas.

También debemos tener presente, que bien pudo haberse instalado en las tierras adyacentes denominadas "de la virgen" o "estancia de la virgen", que estaban despobladas y pertenecían a la capilla por donación que hiciera Doña María Cabezas y los herederos de ésta, entre otros.

Para ese entonces en el Pilar reinaba el caos, los habitantes estaban divididos y enfrentados por la separación del presbítero Pascual Alejandro de Rivas, a quien se lo acusaba de entorpecer la fábrica de la nueva iglesia; este sacerdote era un aliado de fray Francisco Castañeda, opositor de los federales y principalmente de Ramírez, a quien acusaba de haberle robado el poncho en el Pilar "y ésa era su única medalla, pues en el poncho – afirma en sus memorias- consistían todos sus trastes".

 

 

Para los lugareños, pasó desapercibido

Recordemos también que en esos momentos el curato del Pilar estaba a cargo del teniente de cura fray Manuel Tomás de Echabarri y la única preocupación de los vecinos era el traslado del pueblo viejo al sitio que ocupa la ciudad actual. Los hechos demuestran que tanto ellos como sus autoridades no tuvieron participación alguna en la breve estadía de los caudillos en el lugar y menos en el acuerdo firmado por estos, el cual por desconocimiento pasó desapercibido.

 

 

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