por Fernando Juan D’Auría
Iniciado el mes de diciembre, nuestro espíritu humanamente pilarense va haciendo pasos cada vez más lentos del cotidiano y estrepitoso andar que este festivo 2010 le enseñó para afrontar cada día calendario.
Días de mucha labor responsable, de tantos hechos ocurridos, de tantas sonrisas disfrutadas y de tantos dolores sufridos, que aportaron un anillo de crecimiento más al imaginario tallo de nuestra alma.
Momentos vividos en familia, en plenitud con amistades del corazón, en ambientes positivos que frecuentamos y construimos diariamente, que nos permitieron entender que el amor es posible en nuestra humana realidad.
Momentos difíciles de dolor, de secar lágrimas que salieron de nuestro corazón o del corazón del ser amado y que necesitaron el consuelo ofrecido por un silencio cómplice, por una palabra de aliento, por una ayuda oportuna, o tan sólo por una mirada de amor.
Y es por eso que la vida en este intrincado andar nos permite, en estos momentos de pleno adviento litúrgico, detener la marcha, frenar nuestros pasos, y permitirnos un balance personal, un oasis loable para meditar qué poseen nuestras alforjas vitales, qué posee nuestro corazón cuando ama, qué nos dejó este año del Bicentenario patrio como país, qué identidad construye nuestro ser en esta vida que jugamos día a día a vivirla intensamente.
Y es por eso que abro el libro “Caminito de historias” en esta página ilustrada con una hermosa foto que muestra uno de los senderos de acceso al centro de nuestra plaza 12 de Octubre, y que nos permite entrar imaginariamente a recorrer, a transitar con entusiasmo y con anhelos de mantener y/o cambiar lo necesario de nuestra alma en estos momentos de adviento…. momentos de balance.
Y en esta entrada señalo mi amor por los árboles, en esta foto crespones de bajo porte y esbeltos plátanos, que plantados por manos pilarenses que realmente son las que escribieron las historias de este caminito, nos dan un natural ejemplo: el de tener nuestras raíces transitando el suelo pero nuestros corazón mirando hacia lo alto, cuales bellas y esperanzadas copas de estos conspicuos representantes del reino vegetal.
Estimado lector, diciembre nos brinda la sublime oportunidad de realizar un balance en nuestras almas, un adviento en nuestro pilarense corazón que nos permitirá encontrar la felicidad verdadera en la fiesta de Navidad venidera.
