Parroquia del Pilar: los secretos y tesoros que encierran sus paredes

Imágenes del siglo XIX, instrumentos únicos en el país, litografias francesas, altares tallados a mano, Cristos poco conocidos. La parroquia céntrica guarda objetos de incalculable valor y poca difusión.

3 de octubre de 2010 - 00:00

 

El edificio histórico guarda un rico patrimonio histórico en su interior.

 

 

por Celeste Lafourcade

 

Emblema del distrito, la parroquia Nuestra Señora del Pilar es visitada diariamente por cientos de fieles que llegan empujados por la fe o atraídos por el valor cultural del templo, declarado Monumento Histórico Nacional en el año 1994. Sin embargo, más allá de la conocida historia de su construcción, poco se sabe acerca de los tesoros que el edificio encierra entre sus paredes.

Fue en una Navidad, la de 1856, cuando el entonces Obispo Mariano José Escalada, pronunció la bendición que la dejó inaugurada oficialmente. Algo más de 35 años debieron transcurrir desde los primeros cimientos y casi 60 desde que los vecinos de la capilla primitiva de adobe erigida en 1730 cerca de la margen derecha del río Luján solicitaran el resguardo de la Virgen del Pilar (donada para tal fin por María Cabezas) en un terreno más elevado.

La imagen más significativa de la parroquia es precisamente la de la virgen Nuestra Señora del Pilar, ubicada en el centro del altar mayor.

Según José Ramón de la Villa, cura párroco por 30 años, la mencionada imagen es la más antigua del templo. Si bien no existen precisiones sobre la fecha en que fue entronizada, hay quienes aseguran que se trata de la misma virgen que adoraron los gobernadores firmantes del Tratado del Pilar en 1823.

No obstante, la imagen actual poco tiene que ver con la original. Como apuntó el profesor Alberto Marzano, durante los años en que el templo estuvo a cargo del sacerdote Silvio Braschi (1920 hasta 1953) Nuestra Señora del Pilar fue restaurada y fue entonces cuando el manto de tela y el pelo natural fueron reconstruidos en yeso.

 

Jesús y los altares

En el altar mayor, construcción laminada en oro, especial atención merece el Cristo ubicado en el centro, una imagen de pequeñas dimensiones pero de gran expresión, en la que Jesús se encuentra inclinado levemente hacia su izquierda. Cuenta el propio José Ramón que cuando los delegados del área de Monumentos Históricos se acercaron al templo “querían darme cualquier cosa para que se los diera pero le dije que no se los cambio por nada, tiene un valor extraordinario”.

Y si de Cristos se trata, el que está ubicado en el altar del crucero izquierdo es uno de los pocos que existen en el país cuyos brazos (hechos a base de una especie de cuero) se pliegan y permiten colocarlo en un cajón para la procesión del Cristo Yacente que se realiza cada Viernes Santo.

En cuanto a los altares, se estima que el más antiguo es el que contiene a San José sobre el crucero derecho, de madera y completamente tallado a mano, que habría pertenecido a la primitiva capilla.

 

El Vía Crucis

Otro de los tesoros que guarda la Iglesia es el Vía Crucis distribuido a lo largo de la nave central. Pese a que durante muchos años se creyó que databa del siglo XVI, averiguaciones históricas constataron que pertenecen a mediados del siglo XIX.

Tal como afirmó el antropólogo Alberto Susco, “son láminas francesas, de las primeras litografías coloreadas a mano”. Las mismas fueron editadas por la casa Turgis de París y aún cuentan con el marco original. El Vía Crucis cuenta con textos en francés y en castellano y sólo hay uno similar en la Iglesia San Damián, Provincia de Forli, Italia. Debido al deterioro, fueron restauradas hace unos años.

 

Un órgano alemán

Entre las piezas más preciadas del templo, se encuentra también el órgano ubicado en el piso superior, un instrumento alemán de doble teclado marca Stuttgart cuyo valor es incalculable. Se cree que en toda la Argentina no hay más de cinco de este tipo y su restauración le costó a la parroquia 8 mil dólares.

Sin embargo, la mayor parte del tiempo permanece en desuso dado que como afirmó De la Villa “no hay mucha gente que lo sepa tocar”. El inventario de instrumentos valiosos se completa con un armonio francés.

 

El campanario

El campanario de la Iglesia –ubicado en la torre del ala izquierda del templo dado que la torre derecha recién fue construida en 1921- cuenta con cuatro campanas, tres de ellas de origen genovés.

De acuerdo a los datos recavados por el historiador Aldo Beliera, dos de ellas fueron construidas por los herederos de Giovanni Sozzoli y la restante por los hermanos Boero.

Las mismas están ornamentadas con dibujos religiosos en relieve y tienen inscripciones en latín. En una de ellas da a entender que el pilarense Vicente Piñero de Melo (nacido en 1811) fue quien la adquirió. Una de ellas data de 1845, en tanto que las otras dos son de 1851 y 1860.

 

 

Imágenes
Entre santos y misterios

Varios son los santos entronizados en la parroquia local, así como las advocaciones de la Virgen. Santiago apóstol y San Jorge se ubican en el altar mayor, mientras que a lo largo de todo el templo puede contemplarse otros tantos, más la Beata María Ana Mogas (la imagen más reciente del templo, del 2003).

San José y la Inmaculada Concepción, son las dos imágenes recientemente restauradas. En ambos casos actualmente se exhiben con la pintura original.

A su vez, el templo cuenta con dos pinturas de Nuestra Señora de Fátima y de Santiago Apóstol, la última realizada en 1959.

Teniendo en cuenta el extravío del primer libro de cuentas que reunió la información de la parroquia desde 1784 a 1856, pocas precisiones sobre fechas certeras. Pero si de misterios el destino de una imagen tallada de Santiago Apóstol, que data de la apertura del templo, es uno de los más llamativos. Curiosamente, se cree que podría estar en un asilo de General Rodríguez.

El púlpito desde donde se dio Misa hasta la reforma de mediados del siglo XX también desapareció sin dejar rastros.

 

 

 

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