Entrevista

“Hubiese preferido ser mejor músico que pintor”.

Alejandro Gato Maass es el artista plástico más conocido entre los pilarenses. Dueño de una larga trayectoria, habla de su amor por la guitarra y remarca que “es muy difícil vivir del arte”.

“Hubiese preferido  ser mejor músico  que pintor”.

VISITA. Gato Maass, ayer, luego de ser entrevistado en FM Plaza.

En el inconsciente colectivo de los pilarenses, es “el” pintor del pueblo: Alejandro Maass, el Gato para todo el mundo, es dueño de una larga trayectoria que lleva como marca registrada su impronta surrealista, y que incluso desde hace años se plasma en los espacios públicos en forma de murales.
Perteneciente a una familia con un innegable talento para el arte –su papá Carlos fue un gran pintor, su hermana Marina manejó una galería de arte en Barcelona durante 15 años, su hermano Germán también toma los pinceles-, dialogó con Aire de Sábado (FM Plaza 92.1) confesando además que “hubiese preferido ser mejor músico que pintor”.
La relación del Gato Maass con el arte arrancó desde la Primaria, cuando “la señora Álvarez, maestra mía de 3º grado y farmacéutica, les decía a los demás ‘qué lindos dibujos hace este chico’. Siempre hubo una inclinación, era y es como un juego… Más que pintar me gustaba dibujar”.

-¿Cómo definirías a tu estilo?
- Un crítico de arte podría decirlo mejor, pero pinto a la manera de los surrealistas, como me dijo una profesora una vez. Los surrealistas tenían todo un modo de vida, rechazaban la familia y demás, yo soy más conservador. El surrealismo es volver a las cosas lo más ilógicas posibles. Lo aprendí en la Escuela Prilidiano Pueyrredon, donde hacía lo más ilógico, estudiábamos el inconsciente y los sueños, por la influencia de Freud.

-Una de tus series más famosas es la de los goles de Maradona a los ingleses…
- Se llamaba “Pequeña venganza”: en el primero, Diego está esquivando al arquero, y de fondo tenía como en una perspectiva un cementerio con cruces y cascos, con referencia a la Guerra de Malvinas. Se lo vendí a un empresario importante de Pilar. El de la “mano de Dios”, un angelito lo ayuda a pegarle a la pelota…

-¿Por dónde va tu obra en la actualidad?
- Observo a la sociedad, y cuando veo cosas que no me gustan hago cuadros de denuncia social. Estoy trabajando en un cuadro de un hombre en situación de calle en la peatonal Florida, la gente le pasa por al lado y no lo mira, tiene un código de barras porque es un número más. En la pared hay un afiche sobre tener la primera vivienda. Es fijarse en cosas que no van y tratar de plasmarlas en una imagen.

Multifacético
A lo largo de los años, el artista expuso obras en sitios como Miami o Barcelona. En el país, sus creaciones se exhibieron en sitios como el Hipódromo de Palermo y el Museo de Bellas Artes de La Plata. Sin embargo, mantiene firme una convicción: “Pagando exponés en cualquier lado, en los mejores lugares, pero no es la idea. Igual, no tengo plata (risas)”.

-¿Es difícil lograr vivir del arte?
- Es muy difícil, hay que ir mechando. Yo doy clases y pinto murales para el área de Cultura, vas sobreviviendo. La semana pasada vendí un cuadro, pero hacía seis meses que no vendía uno. Tampoco se los puede regalar con el precio, las obras son caras. El que tiene mucho poder adquisitivo quizás compra firma, va a galerías de CABA y no importa si es bueno o no.

-¿Cómo te llevás con la docencia?
- Es lindo dar clases, antes tenía miedo, nunca fui muy conversador o comunicativo, pero ahora me estoy largando más... Además, la clase es un espacio para charlar. El taller queda en Uruguay 542 (a metros del tanque de agua y la rotonda de acceso por la ruta 8), doy tres días a la semana y son una decena de alumnos.

-¿Y con tu faceta de músico?
- Me gusta y me divierte más la música, aunque siento que hago mejor la pintura. Me hubiese gustado ser un monstruo de la guitarra, pero tengo un techito (risas)… El amor por tocar siempre está, mi hijo toca la batería, tiene su banda y organiza eventos. Cuando se alinean los planetas hacemos un trío con el bajista Hernán Pinheiro. Canto blues, que tiene tres o cuatro tonos pero con eso tenés que conmover a la gente.

 

 

“Pagando exponés en cualquier lado, en los mejores lugares, pero no es la idea. Igual, no tengo plata (risas)”. 

GATO MAASS.


Pintura se necesita
Los murales del Gato Maass están ubicados en diversos puntos del espacio público, labor que realiza desde el área de Cultura desde principios de la anterior gestión. Sin embargo, surgió un problema no menor: “Se está complicando que me envíe pintura la empresa que hacía las donaciones. Necesito seguir con el proyecto de Arte Urbano Pilar, que empecé hace 14 años con Manuel Vázquez, cuando fue director de Cultura”. El artista indicó que “con los cambios seguí sin ningún problema con los murales, pero se complica con la pintura. Son paredones inmensos en los mejores lugares, cada uno lleva el logo de la empresa donante, es publicidad para la firma y gratis. Me estoy quedando sin pintura, pero alguien va a aparecer”.

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