En la cuarentena, el consumo anual de pollo subió hasta los 50 kilos por habitante

Lo señaló el presidente del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) , el pilarense Roberto Domenech. No obstante, pidió "una masa crítica" de empresas exportadoras para aumentar las ventas.
lunes, 24 de agosto de 2020 · 14:01

El presidente del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) , el pilarense Roberto Domenech, sostuvo la necesidad de construir una "masa crítica" de empresas exportadoras en el sector para aumentar las ventas externas y lo consideró como un "camino inevitable" para la actividad.
Asimismo, en una entrevista con la agencia Télam, Domenech remarcó que durante los primeros meses de la cuarentena el consumo de pollo subió hasta los 50 kilos por habitante al año y repasó los inconvenientes que tuvo el sector respecto al mercado internacional.

-¿Cómo atraviesa el sector la pandemia?

-La hemos atravesado con subidas y bajadas, con dificultades y oportunidades. Cuando arrancó la cuarentena tuvimos durante 30 días una demanda excepcional de pollos, porque la gente pensó que se iba a tener que quedar en la casa y no iba a poder salir a comprar, con lo cual el segundo mes de cuarentena fue una lágrima (sic) poder vender, porque la gente empezó a consumir lo stockeado. Así como el precio tuvo una reacción favorable, después fue desfavorable en forma importante. Además, entre mayo y junio comenzaron inconvenientes con la exportación porque China no bajaba los contenedores. Había mucho contenedor en el mar o en puertos previos a China. Más allá de los problemas que nos generaba a nosotros, empezaron a generarse otros problemas, como la baja de los precios internacionales, de la demanda y, por otro lado, no teníamos contenedores ni siquiera para preparar la mercadería.

Según el pilarense, "eso hizo también que llenáramos las cámaras y aumentáramos la oferta en el mercado interno, que llegó a situarse en un consumo de kilos a 50 kilos por persona al año. Para llegar a 50 kilos involuntariamente tuvimos que subsidiar el precio, porque bajándolo el consumo crece y creció un 10%". Por eso, opinó que "desde el consumo estuvo bien, pero desde la exportación teníamos calculadas unas 25.000 toneladas por mes y hoy estamos en 19.000 o 21.000 toneladas".

-Más allá del crecimiento en el consumo por el contexto, el pollo viene ganando lugar en la participación del consumo de carnes, ¿Ven un horizonte de crecimiento en la participación en un escenario de pospandemia?

-Hay que traer como un hecho sumamente positivo a la Mesa de las Carnes. Ésta ha situado a la carnes bovinas, porcinas, ovinas y de aves en un contexto de carne complementarias y no alternativas. Nos ha sacado de la confrontación y nos ha puesto en el terreno de que el mercado de carnes es Argentina y el mundo. Cualquier crecimiento se va a dar a expensas de la otra carne, porque estamos en un techo de consumo de 120 kilos por habitante, que no lo tiene ningún país en el mundo. De esos 120 kilos, 50 kilos son de carne bovina, 50 de pollo, 17 de porcino y 2 o 3 kilos por ovina, a lo que hay que sumar el pescado. Es importante que el consumidor haya diversificado la dieta. Desde que la carne bovina tomó precio internacional ha permitido que a las demás carnes, de alguna manera, nos sacara el pie de encima que involuntariamente tenia puesto y nos ha permitido crecer y el consumidor tomó la decisión. Ahora, ¿va a crecer el consumo de la carne de pollo? Si las exportaciones de la carne bovina funcionan bien, y sí, va a crecer. Se va compensado una carne con otra, pero el argentino sigue en su consumo de 120 kilos de carnes.

-¿Qué se necesita para que las exportaciones de pollo crezcan en mayor proporción, como sucede con la exportación de carne vacuna o de cerdos?

-En primer lugar, la carne bovina tiene su historia, de muchos años. Tiene nombre en el mundo. Cuando vamos afuera, nosotros vamos con un cartel que dice "pollo, la otra gran carne argentina". Lo que está haciendo la carne vacuna es volver a sus máximos históricos. Uno de los problemas que tenemos en el sector es que nos falta masa crítica de exportación. Tenemos una exportación importante, pero la empresa que más exporta vende el 42% del total. Después tenemos cinco empresas más que representan un 22%. El grueso de la exportación se concentra en diez empresas. En CEPA hay 38 empresas y 26 están habilitadas para exportar, pero no todas están en la exportación y tienen todo para hacerlo.

-¿Por qué pasa esto?

-Desde el CEPA trabajamos, buscamos, se van desarrollando, van creciendo, pero es un poco como que la exportación para ellos es una alternativa. No es fácil exportar en este país. También ocurre que la carne bovina tiene un valor desde US$ 4.000 a US$ 12.000 por tonelada, en el cerdo es de US$ 2.800 a US$ 3.800 y en el pollo es de US$ 1.500. Cuando hablás de este tipo de cosas, todo se hace un poco más difícil. No tenés prefinanciación y te vas manteniendo más en el mercado interno. Aquellos que están habilitados a exportar van manteniendo algunos clientes, muy poco representativos, el 1% o 2% de las exportaciones en total, porque se apoyan en que el que exporta el 30%, 20% 11% van a exportar un poco más y te da un espacio en el mercado interno. Nos falta la construcción de una masa critica, pero no es fácil. Entiendo que ese es el camino inevitable.

Y añadió: "La producción de pollo tiene una dinámica tal que cuando vos estás en estos niveles de consumo, el mercado tuyo no puede ser solo el mercado interno. La genética va mejorando todos los años. El pollo, en vez de ganar 65 gramos por día hoy gana 68. Entonces tenés 3 gramos más por 870 millones de cabezas que faenamos en el año. Todo eso, si tenés solo el mercado interno, el crecimiento del consumo no lo absorbe. Entramos en sobreoferta solos. Es una cuestión de tiempo la salida masiva de las empresas".

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