Soy mano

Verano porteño

domingo, 14 de marzo de 2021 · 07:55

Por Chino Méndez


Pienso y me digo: -no tuvo por qué gustarme-. En los 80, en aquel barrio Toro y en esa casa, en la que el tiempo transcurría con mi viejo laburando día y noche y mi vieja preparando para siete un exquisito mate cocido con tortas fritas, casi que se escuchaba exclusivamente chamamé. La verdad no recuerdo haber oído otra cosa en el grabador, salvo cuando mis hermanos mayores se adueñaban del aparato y entonces iban y venían entre Michel Jackson y Alejandro Lerner. Por entonces, yo sólo tenía ojos e imaginación para un tal Maradona. 

Una tarde, que bien podría haber sido una noche, un sonido casi extraño que nunca antes había llamado mi atención salía del televisor. Allí lo vi por primera vez. Un bigote haciendo muecas y unas manos de bandoneón. Es claro que mientras escribo esta columna se cumplen cien años del nacimiento de uno de los mayores músicos que dio este suelo, Astor Piazzolla, por eso estos recuerdos. En aquel momento, sería un niño de unos cuatro años, aunque bien podría haber tenido seis y ahí estaba, sin buscarlo, frente a mi primer vínculo consciente con la música ciudadana. Ahí estaba yo en mi casa con piso y paredes rústicas, claro que no conocía ni su nombre ni el título del tema, pero sí tuve el registro de que aquella melodía me había conmovido. 

Fue la primera vez, y no la última, por suerte, que la música me emocionó y sigue emocionándome. Me pregunto ahora: ¿por qué me gustan las cosas que me gustan? Con la música me pasa algo que carece de lógica, eso que me hace vibrar, sin encontrar una explicación en el bagaje sanguíneo o vivencial, ni siquiera en la moda. Muchos habrán vivido algo así, será tal vez porque la cultura se escapa de todos los moldes en donde se la quiera retener.

Hablar de la música de Astor sería para mí, que no soy del palo, una gran falta de respeto. Sólo hablo de lo emocional, de lo que genera en alguien.

Mucho después supe que aquella melodía que se grabó en mi memoria para siempre era “Verano porteño”. Luego llegó todo lo demás: “Adiós Nonino” “Fugata” “Libertango”… 

La vida me llevó por textos y músicas maravillosas, que son de cabecera para cuando uno quiere, con el arte de otro, contarse a uno mismo lo que está viviendo. Piazzolla es para muchos un artista de cabecera, tan recurrente en esos momentos en donde el tiempo parece arrugarse. 

Todas las ocasiones en que necesites amar podés contar, para antes o después del deseo, con “Balada para un loco”, tararéalo y verás que algo inolvidable sucede. Quizás porque hay épocas en que es menester morir de amor para vivir.

Aunque también sonará una “Tristeza de un doble A” para cuando, repitiendo un nombre por una calle blanca, haya que despedir a los recuerdos que se desprenden de vos en puntitas de pie. 

O para cuando recobres el coraje de intentar de nuevo y decidas volver, con avidez y temor, al sur del alma. Hay artistas que nunca te dejan solo.

En todos los lugares en donde le toque estar Maestro, salud y gracias.

Comentarios