Por Pablo Ramos*
(Dedicada al Bandi, el globero bailarín de la plaza de Pilar).
Por Pablo Ramos*
(Dedicada al Bandi, el globero bailarín de la plaza de Pilar).
María recién había alquilado nuestro actual departamento en La Morra, el mismo en donde ahora escribo, y faltaban comprar algunas cosas. Como en su cumpleaños ella no iba a estar en Buenos Aires decidí adelantarle el regalo y comprar el sillón que tanto le gustaba. Fuimos juntos a la fábrica, una que queda por la Ruta 8 ya que tengo por costumbre comprar todo en los comercios y las fabricas locales, siempre.
Volviendo a la crónica y a esa vez del sillón: el clima mundial estaba horrible. Te atendían fuera de los locales, la vacuna apenas se soñaba y la gente presentía que esto no se iba a acabar nunca. La chica que nos atiende no hace pasar a los dos. Elegimos el sillón y yo pago una reserva que nos garantizaba la entrega a los treinta días
—Es un regalo adelantado de cumpleaños –digo, para despejar dudas de que fuéramos un paganini y su fato.
—Ay —dice la chica—qué papá más bueno que tenés.
—Sí –le digo yo—el padre de ella es muy bueno, pero se quedó en la casa porque le cayó mal un salamín, ¿viste?
Los colores de la mujer se tornaron el arcoíris de Belcebú. Todos los pálidos que se puedan imaginar.
—No te preocupes —le dije para calmarla, mientras María disfrutaba la situación de alguna extraña manera. Poniendo esas caras que a veces me son tan difíciles de leer, pero que tanto me gustan.
—Tengo un hijo un año mayor que ella, pero por suerte soy el novio –agregué— Ser el padre sería muy costoso.
María me fulminó con la mirada. Y ahí la chica se despachó con algo que todo el mar de fondo que llevaba encima. Como siempre me pasa. Nos contó que su papá también estaba con una mujer joven a la que le llevaba más de treinta años, y que…
—No lo van a creer –dijo la chica. Era una amiga de ella que ella había llevado para hacer la limpieza y que había resultado que se levantó al hombre y que se casó con él. Y pasó de ser su amiga a ser su madrastra, y supongo, esto no lo sé, solo lo supongo, a heredar la fábrica de muebles. La primera impresión me había dado “mujer separada”. Y entonces lo dijo:
—Mi ex también —dijo, y pensé que la mujer se me derretía ahí mismo—. Conoció a alguien, más joven que yo. Yo me anoté en Tinder –dijo—, porque también puedo conocer al alguien lindo y joven.
El comentario me entristeció mucho. Y ella siguió y siguió. Lo soltó todo, supongo, porque si tenía más hubiese sido inverosímil.
La angustia que junta la gente es tremenda, por eso existen los Tinderes. Prefiero los tenders, ya que ahí se cuelga la ropa de toda la familia, y prefiero tener familia. Más hijos, o hijas, ojalá María quiera. O adoptar a dos a tres, a cinco pibes. Sin tener la necesidad de ir a buscarlos a las Filipinas, porque están por acá. Como se suele hablar en Palermo Sore. Y llevarme a todos los perros también a un terreno enorme cuando me pueda comprar el terreno enorme, y voy a poder, porque lo voy a hacer escribiendo, escribiendo sobre esta angustia que tortura a la gente y que tanto me tortura: la soledad y el aislamiento.
—Sos una linda chica, corazón –le dije. María y la chica sonrieron. Mi compañera sabe que me gusta decirle cosas lindas a la gente y que suelo decir “corazón”, una costumbre que tomé en Salvador de Bahía cuando viví allá. Las baianas (sin H) aunque no te conozcan te dicen así: Corazón.
Entonces corazón herido de mujer, herido por el padre, la amiga y el ex marido, espero que no te enojes porque estas palabras no son chismerío; es tratar de entender quiénes somos, de dónde venimos y hacia a dónde vamos.
Pasaron esos días y ayer sábado me lo encontré al Bandi, Andrés, el vendedor de globos de la plaza central. Bailando descalzo y cantando una cumbia. Cantaba y bailaba frente a la atenta mirada del policía que no sé qué mierda vigilaba tanto. La letra decía algo de acostumbrado al amor, crep. Y entonces recordé a la vendedora y su tristeza. Y pensé en comprarle un globo y llevárselo, uno que no fuera amarillo, más vale. Encaré al vendedor y le dije: sos un genio.
—Soy Andrés, El Bandi, el vendedor de globos - me dijo
—Nos sacamos una foto para el diario.
—Más vale –dijo—pero a cara limpia.
Y acá esta la foto, ahora que estamos afuera otra vez, que mi amigo Maxi Salvioli, uno de los directores del hospital San Roque de Gonet, me dijo por teléfono que ya no había más internados por COVID en ese hospital, que estaban muy esperanzados de lo que venía. Vamos, gente. Que vuelva la esperanza, votemos bien nuevamente y salgamos como el Bandi querido, ahora más que nuca. Es el deseo para todos. Para vos también estimado Nacho de la óptica, ya que el lunes voy a buscar mis anteojos deportivos nuevos. Porque me gusta gastar la plata que gano, gastarla acá, porque la plata hay que gastarla en Pilar, en Avellaneda. Hay que comprase cosas, invitar asados, comprar globos, bailar en la calle descalzo. Porque la alegría no es solo brasilera, también es pilarense, más vale. Palabra de hombre del conurbano, palabra de escritor de Avellaneda y de Pilar. Palabra de honor.
