Soy mano

La grasa de las capitales

sábado, 23 de octubre de 2021 · 07:50

Por Chino Méndez

Mientras la Wanda se indigna con la China y con un megáfono cuyo eco se multiplica hasta en la sopa, como si a esta altura de la historia haya que salir a aclarar que nadie te puede robar a nadie, por el simple hecho de que ninguna mengana puede poseer a ningún fulano y viceversa. La fascinación de lo mediático hace que estas cuestiones se parezcan a las de las Marcelas y Robertos, quienes tal vez sueñen con perfumes y carteras de Dolce&Gabbana. El Mauro ahí anda, rebotando entre disculpas interminables. Le sacaron la tarjeta roja y la bancaria puede adelgazar algunos ceros. Pero ¿quién no tuvo un desliz en la vida?

Mientras a la misma sopa aturdida le quieren cuidar el precio, otros consideran que sólo le quieren bajar el valor al caldo sin tener en cuenta los costos. Y uno se encuentra en la fila del súper a la Marcela indignada, discutiendo libertariamente sobre la casta con el Roberto, quien sostiene que él también está harto de los planeros. Y la cajera que mira pasar toda la comida que no puede comprar se muerde los labios para no mandarlos a la mierda, porque entiende que el vago que se afanó todo es uno que no pudo gobernar bien porque “pasaron cosas”. Y también tiene miedo que cuando no le entre el pantalón que tiene puesto le peguen un boleo y no le den un mango.

Y así, mientras la historia da vueltas como los lamparones de aceite en la olla sopera, el señor Charly García cumple 70 años y los dueños del discurso apenas lo resaltan. Alguien que abrió las puertas de muchos, que se cargó el plomo de una época a pura metáfora. Alguien que cruzó por los infiernos, quizás porque este mundo es mucho más tenebroso ¡Charly García, señores! Quien por cantar el himno se le hizo una causa a pesar de haber denunciado bellamente la injusticia del verdadero terror. Sus canciones la cantaban los lápices, terror de los dinosaurios.

Demoliendo hoteles, volando desde un noveno piso por el simple hecho de haber elegido, hace ya mucho tiempo, el lado de la historia donde aterrizar. En días como éstos, mientras mis pies pisan la misma huella en donde tantos yacieron empantanados, tal vez ingenuamente intento encender mi pequeño candil nombrando en este caso a Charly. Porque resulta evidente que, detrás de los conflictos lípidos de la Wanda y compañía, “los brujos piensan en volver a nublarnos el camino”.

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