Soy mano

Interruptor

domingo, 10 de octubre de 2021 · 08:08


Por Víctor Koprivsek 


14 de mayo de 1984. Nace un niño.

Lunes 4 de octubre de 2021, alguien aprieta un botón en algún lugar del mundo. Ese mismo lunes, miles de personas dejan de comunicarse por Whatsapp.

Había sol en Buenos Aires. El conurbano es un hormiguero hermoso, cerca del mediodía se preparan las cocinas ávidas de abuelas y se arremolinan las ollas.

Hay talleres, inmobiliarias, colegios, estaciones de trenes, paradas de colectivos, patios de casas particulares. Algo deja de funcionar en los celulares, pero nada se frena.

En realidad, la vida pasa por otro lado.

Alguien quiere subir un estado en Instagram, pero no puede.

Sin embargo, la rueda de los preparativos y las respiraciones sigue. Porque respiramos, se calcula que unas 23.000 veces por día.

Es un ejercicio inconsciente pero vital que tiene el ser humano.

Lo remarco porque a veces no valoramos la maravilla de la creación. De la gratuidad del regalo. En fin, sigo…

El lunes pasado dejaron de funcionar en Argentina las tres redes sociales más populares de este lado del mundo que durante 8 horas quedaron en pausa.

Ese día se dieron charlas de sobremesa, especialmente durante la merienda, entre padres e hijos donde, incluso, intervinieron los abuelos.

La situación entró en un ambiente de distención y relajación tal que hasta los pibes ocuparon nuevamente los potreros del barrio.

Se dice que en algunas esquinas de Capital se juntaron varias vecinas en las veredas y hasta se sacaron selfies (que nadie pudo compartir en las redes por obvias razones).

Al suceder en esta fecha, pocos días después de la llegada de la primavera, en varios patios de casas con verde no fueron pocos los adolescentes que se quedaron mirando los árboles con intensidad.

En la terminal de Pilar la gente empezó a intercambiar sonrisas en la parada del 57.  Y en los medios televisivos hasta se empezó a hablar de cierta alegría recuperada.

Incluso en Derqui se corrió la voz de que el único telescopio que estaba a la venta, en un local de la Avenida de Mayo, fue rematado en 500 dólares. Sí, dólares. 

La familia que lo compró aseguraba que la noche sería estrellada y, alguna vez, hace muchos años tenían la costumbre de mirar el cielo y contar estrellas, antes de dormir.

Esto pasó el lunes. Hace mucho ya. Noticia vieja. 

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