SOY MANO

Matame, matambre

domingo, 11 de octubre de 2020 · 08:18

Por Víctor Koprivsek


En Pilar, en uno de sus barrios con nombre de aguas cristalinas, aconteció un hecho inesperado.
El día amaneció tranquilo entre los árboles, con el sol saliendo como siempre desde atrás de los confines. Los sonidos de autos y camiones que cruzan por la Ruta 8 casi que ni se escuchaban en el campito donde sucedería algo extraordinario.
Vaya Dios a saber cómo fue que ese camión pasó justo por ahí y cayó en la zanja… lo cierto es que un centenar de cerdos, vivos, desatarían el desquicio del grupo de personas que llegaron para la faenarlos “in situ”.
Según se sabe, ni bien volcó el camión, la notica se esparció por grupos de wasap y las 4 x 4 junto a otros vehículos llegaron casi inmediatamente animadas por la turba que comenzó, literalmente, a cazar a los animales.
La imagen medieval se replicó en una docena de videos caseros que filmaron vecinas y vecinos notablemente indignados por semejante locura. 
–Los voy a denunciar a todos por hijos de p… No están cagados de hambre como para hacer esto. Son unas mierdas de gente –decía una vecina a viva voz mientras los gritos desgarradores de los animales incendiaban las imágenes.
Niños correteando y adultos esgrimiendo mazas y cuchillos se repartían en el verde mientras el ojo del cielo, en azul sin nubes, era testigo directo de la tragedia de los cerdos en manos de personas ante la mirada pasiva del personal policial presente en la escena.
Algo vivo en nosotros muere cada día. Algo hecho de ternura y sosiego, casi soplo. Es como si una brisa alada e imperceptible quedara atrás después de haber rozado con su perfume un segundo de nuestras vidas.
“Quisiera retener el aroma de las manos recién enjuagadas de mi madre, que acariciaban mi rostro antes de ir al colegio, o el sonido del beso en la frente antes de dormir, pero no puedo”, me dijo una vez un hombre anciano.
La gente del barrio con nombre de aguas cristalinas difícilmente pueda olvidar el sonido ensordecedor perturbador de los gritos de los cerdos de aquella tarde. 
     
 

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