Soy mano

El hombre que vomitaba poesías

Por Víctor Koprivsek

El hombre que vomitaba poesías

“Algo que comí me cayó mal”, pensó. Se miró al espejo. Pudo reconocerse y sonrió. Lavó su cara y cepilló sus dientes pero el malestar seguía.
La primera poesía que vomitó tenía palabras de sonido seco como rastrojero, reloj, pájaro y rabia.
Obviamente no sabía que iba a vomitar una poesía así que se arrodilló junto al inodoro como suelen hacer todos los que van a vomitar. Al final se mezclaron las palabras y tiró la cadena sin leer nada.
No entendía qué estaba pasando y pensó que alucinaba. Se recostó un rato. El tiempo que lleva sin trabajo también hace lo suyo, son horas de sentirse un inútil. Tiende la cama, prepara la comida para sus hijos y su esposa, corta el pasto. Pero no alcanza, no llega a recuperar su estatura. Es una batalla silenciosa y despiadada ser un desocupado más.
Fue entonces que le volvieron las ganas de vomitar. Pero esta vez se fue al patio y vomitó en el pasto. Ahí pudo ver más claramente lo que decía el nuevo poema de palabras temblorosas: “La angustia del silencio engendra la ira de los dormidos, no existe lluvia que pueda apagar este fuego hecho de traiciones y desidias, vete donde la carne se vuelve acero y luego regresa para luchar por tus hijos porque las bestias voraces vienen por ellos”.
Las arcadas siguieron, pero no salió nada más. El hombre se quedó mirando un rato la poesía vomitada. Tenía cuerpo. Las palabras estaban rellenas de algo pero no se animó a tocarlas. Seguían temblando sobre el pasto. El contraste era violento, lleno de contradicción. La belleza de la naturaleza, el canto de los pájaros, el cielo cargado y sobre el pasto un poema incandescente, hostil, endureciéndose como lava que se convierte en roca con el contacto del aire.
Cuando llegaron sus hijos el hombre estaba exhausto tirado en el medio de la cocina con toda su ropa mojada y tiritando de fiebre y en las paredes había poesías clavadas que chorreaban barro, chorreaban vómito, sangre, mocos, baba: 
la mentira crece
un pueblo sufre
¿quién detendrá este dolor?
 

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