Soy Mano

Visto al pasar

Por Graciela Labale 

Recorrer las redes sociales quizá sea una experiencia que una hace cotidianamente como algo pasajero, algo intrascendente, un entretenimiento para las horas de tedio o entre obligación y obligación, que cuando se apaga la pantalla se olvida. Pero de pronto te cruzás con perlas literarias, palabras que conmueven, revuelven, agitan, abrazan y hasta consuelan. Son textos que a mí me gusta  llamar “necesarios”. Por eso los comparto por acá, por esta columna a la que modestamente también considero necesaria. Veamos. Pasando por el muro de Maiu Dellagiovanna, hincha de Tigre, bisnieta de su fundador y socio Nº 1, leo esto tan aplicable al fútbol como a la vida:

LA VIDA, COMO EL FÚTBOL
“A veces se sale campeón después de tocar fondo, a veces ser campeón es atravesar el dolor, pero trabajar mucho, consciente de que una no es de la raza de los campeones ganadores de copas, nuestros campeonatos son sufridos, crecen desde el pie, por eso cuando nos llega, me corrijo, cuando nos ganamos una estrella, la victoria nos invade todo el cuerpo. Nos convertimos en Campeones, pero sabemos que mañana seguimos empezando desde abajo. Llegamos a la cima solo para reconocernos, para valorar el esfuerzo inimaginable que hicimos. Pero sabemos que el podio, es solo para la foto. Mañana volvemos a ajustarnos los botines para salir adelante. A veces soy mí propio Pipo Gorosito.”

Del muro de Mariela Palermo, brillante escritora y profe mía:
LOS GOLPEADOS
“Alguien dijo que si el río suena es porque agua trae. Esa agua que parturienta nunca puede pasar en calma por algún costado o hacernos cosquillas en la palma de la mano mientras jugamos con alguna piedrita por ahí. La lluvia, como el agua del río es caudalosa para el poeta y nos revienta en la ventana y nos arrastra muchas veces en su abismal tempestad del abajo. ¡Cómo cuesta reavivar con la pluma lo que a su paso deja! porque tiene el artista naturaleza de río y de protesta. No puede ver en el mundo la cosa, sin ser la cosa, no puede desgarrar el sentimiento y hacerlo belleza, sin sufrir. Quién no vive el río y no vive la lluvia, pierde el río y la lluvia pero se preserva de ser arrastrado contra alguna piedra, lanzado desde cualquier abismo, ser señalado desde cualquier bloque de tierra. También es cierto que nadie puede luchar contra su naturaleza de río, del cuerpo que lo reclama. Así los poetas uno a uno zambullidos en su espectacular le piden a la lluvia que les dé alguna vez, lo que la lluvia les trajo, para formar revoluciones en el agua, en el papel, en el cuerpo y en el viento que los escucha al pasar por el costado de la roca, que los golpeó mil veces”.

O esta última del muro de mi amigo del alma, el Chino Méndez, tan actual como dolorosa: “Quizás nos equivocamos. Quizás en esta arena sucia y mezquina la verdad es un péndulo que los miserables empujan y donde los canallas se entrechocan, acomodando el esqueleto de un lado y del otro. Quizás la política local jamás deje detrás este persistente olor a mierda y debamos ver como el poder pasa por la vereda con voz de señor y cara de buitre, haciéndose pasar por caballero. Sin embargo hay un “tal vez” que nos redime de tanta basura suelta, es que tal vez no temimos salpicarnos al golpear al sorete. Y le dimos el golpe de KO en su cara de sorete y ahí va con su boca que sangra hilos de diarrea y salpica y huele feo y por más que se haga el gil conoce su destino de cloaca. Porque por sobre las necesidad de trascender como un sorete, siempre fue más urgente la necesidad de ser dignos. Ese triunfo jamás nos lo quitarán. Ahora que ya sabemos quiénes en verdad somos Nosotros, habrá que esperar a que la primavera surja de lo sepultado, aun sabiendo que la mierda no se perfuma y con el valor de volver a correr el riesgo de equivocarnos...”
 

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