Pionero, estudioso, actor premiado, gran tipo. Todo eso y mucho más, claro, fue Raúl “Tito” Ramos. El actor falleció en la tarde de ayer a los 80 años y con su partida, como con la de Jorge Titi Villar (en mayo del año pasado) queda un enorme hueco en la escena local.
Integró distintos elencos de Pilar en las década del 50 y 60, y desarrolló una gran carrera en el teatro porteño por la cual fue varias veces premiado. Gran estudioso del sainente y del grotesco, géneros que manejaba a la perfección tanto arriba como abajo del escenario, ya que también escribió varias piezas, entre ellas la destacada “Morochos de Ñuyor”, junto a Héctor Gióvine, estrenada en 2001.
Ramos obtuvo el Trinidad Guevara en 2009 por su actuación en “Stéfano”. Ese mismo trabajo le permitió ganar el premio María Guerrero y el Ace. El reconocimiento también le llegó con “Mateo” de Armando Discépolo, trabajo que le permitió llevar nuestro teatro fuera del país.
Una dura enfermedad no detuvo su ímpetu. El año pasado cerró el homenaje que actores y directores locales hicieron tras la muerte de Titi Villar, en el Lope de Vega.
Sus comienzos fueron a principios de la década del 50 cuando Fernando Ferrandiz formó el grupo La Sátira. Una de las características de este elenco es que estaba mayormente formado por jóvenes actores que con los años se convertirían en piezas fundamentales de nuestro teatro. Y allí estaba Ramos, junto a Irma Brochiero, Alberto Orsini, Omero Vitale y Roaldo Barbesini. Unos años después ingresaría Villar.
Una década después integraría el Teatro Municipal, lo que fue el origen de La Comedia del Pilar, junto a otros grandes actores y compañeros de la vida como Daniel Deluca. Y un 12 de noviembre de 1966 hizo historia con lo que fue la primera obra del elenco, con el rol principal de “Un guapo del 900”, dirigido por el propio Villar.
Una anécdota pinta su amor y compromiso por el teatro y por sus compañeros de profesión. En el año 1969 fue detenido por leer un comunicado por la desaparición de actores. En el país corrían los tiempos de la dictadura de Juan Carlos Onganía.
También conoció la “popularidad”, muchas veces vedada a los actores de teatro, con su trabajo en la película “Elefante blanco”, donde comparte varias escenas con Ricardo Darín.




