Soy mano

Acompañar

Por Víctor Koprivsek

Por Redacción Pilar a Diario 28 de abril de 2018 - 00:00

Sentí los martillazos contra las bisagras y el tronar de las puertas que antes se abrían hacia el otro para que entre o para entrar. Y era la mano tendida una soga que llegaba y se sumaba a más manos tendidas que formaban una red.
Así se sucedían las horas con el tiempo compartido que se regalaba para ayudar.
Unos y otros nos fuimos conociendo y entablando lazos, vínculos entre el trabajo, la charla y la solidaridad. Oración y acción.
Una vida de entrega, muchas vidas.
Desde el lugar del frío lacerante y la indiferencia exacta, donde anida la mentira y muere la verdad, alguien aprieta un botón y caen las bombas sobre los puentes; son puertas que se cierran en la multiplicación del miedo.
Pueden endeudar al país en sumas siderales a cien años, a miles de millones de vidas que deberán pagar esta fiesta que es madre de todas las fiestas, por su contracara hecha de odio y confusión.
Pueden aumentar los servicios más básicos que en los hogares más humildes son lo mínimo garantizado por el Estado, como la luz. 
La luz, esa posibilidad de comprender que a pesar de no tener cloacas ni agua corriente al menos podemos enchufar una estufa en la pieza de los pibes para pasar el invierno.
Dolor más allá de lo razonable, soledad en la desesperación. Es lo que quieren.
El “Yo” profundo que vinieron a parir es un “Yo” aislado y parado en silencio de la rabia, detrás de un mostrador con una boleta de luz de 17 mil pesos en la mano, mensuales, un “Yo” metido en el cuerpo de un almacenero de barrio que encima los votó. 
Ese almacenero es mi compatriota, mi vecino.
Y aprieta los dientes mientras se debate entre lo que vio, lo que le dijeron, lo que es y la gran pregunta ¿Y ahora qué mierda hago? ¿Me cuelgo?
El relato y la confrontación.
No se trata solo de las personas que hoy gobiernan gracias al voto de la mayoría, se trata queridos lectores, de la indiferencia humana justificada en el rechazo hacia el otro.
Del frío lacerante en la mirada que no se conmueve por nada, ese frío regulado al punto exacto de la calibración justa para que no te conmueva nada.
En esa soledad mayor esta el riego verdadero que no es que suba el dólar sino la ruptura de todos los lazos que nos convierten en COMUNIDAD.
Por eso el desafío de hoy es el más grande, porque es el de acompañar sin especulación ni tajada de nada, tan solo acompañar y sentirse acompañado en estas malas. Ese es el oro de hoy, el brillo de Dios. 
Vinieron a romper los vínculos. Nos quieren quitar los abrazos. Pues no. 
Acompañar, qué palabra más hermosa. 

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