A veces, casi siempre, reniego de las redes sociales, todo el mundo repitiendo y repitiendo cartelitos, frases hechas, sin el menor análisis, gente defendiendo con prisa y sin pausa ideas a "ambos lados de la grieta”. Me desagrada y mucho, son pocos los que se toman el trabajo de chequear las fuentes, los que tienen la costumbre de leer de izquierda a derecha libros, diarios, revistas, los que cambian los canales de noticias o sintonizan otras radios, aunque sea por curiosidad, para ver qué piensan los demás y así, modestamente, solo con lectura comprensiva y espíritu crítico formar un criterio propio. Eso sí, rápidamente participan y arman debates, sin siquiera conocer la trayectoria del emisor del mensaje, como suele suceder con alguien tan querido como mi amigo Hernán Nemi, un luchador incansable, que le pone el cuerpo y el alma al hambre y a la ignorancia, desde hace muchos años y hasta enfrentando a los oficialismos de turno. Pocos los saben, eso sí se quedan con la foto al lado de la ex presidenta Cristina Fernández, con eso les basta y sobra para agredirlo de palabra, sin conocer su recorrido. Pero otras veces, no tantas como me gustaría, las redes sociales ofrecen caricias al corazón, palabras que conmocionan hasta hacer saltar alguna que otra lágrima sin querer, como si nada. Y cuánta falta hace en tiempos de tanto dolor cotidiano. Por eso me gusta reproducirlas aquí y así multiplicar las emociones. La autora, una frecuentadora de esta columna, la querida Maiu Dellagiovanna, profe de literatura y enorme amiga. Son palabras que baldean el alma.




