"Me trepan los insultos -mareas numerosas-como trepan los hijos al cariño de un hombre/Tengo las ansias llenas de ganarme en un grito. Grito: ¡La vida es nuestra! y abro los horizontes/Puertas de bronce viejo, de hierro remachado, caerán cuando se agrupen las voces en un puño/Hombres desvencijados, de espaldas a la vida: así dancen las balas no serán de este mundo/A los calvos de ideas, con sangre de pantano, a los viejos que ensucian las palabras más altas, les hago una advertencia: conmigo están los brazos de aquellos que arrancaron de sus ojos las lágrimas/La humildad -ese viejo mascarón- no hará suya nuestra carne que es nudo de un clamor que echa ramas y en sus climas oscuros, como a un árbol raíces, nutren de savia pura los cuencos de su entraña/Y ¡guay! del que esté en contra de nosotros, los pobres, esos ríos de sangre, silenciosos y lentos, que bajan hasta el pozo más hondo de la tierra, que suben hasta el límite más alto de los cielos/La vida es de nosotros los que hacemos la vida a gotas de sudor, de ímpetu, de fuerza y que jamás o nunca tenemos una cama donde cavar la hondura de un vientre en primavera/ Nos vejan, nos explotan, nos reducen a cero, si agitamos un grito de protesta nos castran/Nos orinan la baba de un exiguo salario y nos cuadran en leyes como a burros de carga/ Y hablan de La Piedad, de La Bondad, del Arte, sacerdotes, artistas, profesores, poetas, los que en nombre del pueblo se erigen en vigías, ¡esos hijos de puta con almuerzo y con cena!/Ah señor Jesucristo: no queremos tus frases-panes sin levadura-, magníficas, humanas, que no son más que frases pero que nos inhiben y destapan, astutas, nuestros poros de lágrimas/ No queremos tus frases. Yo que vengo de abajo y que anduve entre obreros con hambre y manos sucias, que sé lo que es el mundo, este mundo de mierda, te lo digo derecho: tus palabras son putas/ Al carajo con todas las parábolas bellas” (Tumulto).
En 1935 le es otorgado el Premio Municipal de Poesía, por su antología "Tumulto”, provocando un escándalo político, religioso y literario. Cuando llega a las manos del intendente De Vedia y Mitre, no solo es inhibido el premio, secuestrada la edición, sino que también, José Portagalo (su autor), es acusado penalmente de ultraje al pudor, por lo que no solo pierde su ciudadanía argentina (había nacido en Italia bajo el apellido Anania), sino que es obligado a refugiarse en el interior del país para luego exiliarse en Uruguay.
Poesía sin concesiones, visceral, carnal, la de este hombre del Grupo Boedo. De puño levantado y banderas rojas y negras, blasfemo e intolerable para la pacatería de su época. Les cantaba a los canillitas, a las maestras y a los proletarios, a las prostitutas, a los seres sin familia y sin techo, sin amor y sin compasión. Eran esas épocas tremendas, de persecución política, de hambre, dolor, angustia y absoluto des-precio por la dignidad humana.