SOY MANO: ¡Vivas nos queremos!

Por Redacción Pilar a Diario 4 de junio de 2016 - 13:54

por Graciela Labale

 

Cuando ustedes estén leyendo esta columna, ya habrá pasado la segunda marcha "Ni una menos”. Nuevamente las plazas de cada rincón del país nos encontrarán a todas y todos unidos en un solo grito. ¿Si mejoraron las cosas del año pasado a éste? –No, para nada, lamentablemente. Por eso toda esta problemática no se agota en una manifestación, continúa en el día a día. Visibilizar, escuchar, compartir, tender redes para comprender lo que realmente sucede, orientar, generar espacios de encuentro para las mujeres que padecen situaciones de violencia cotidiana, es solo parte de la tarea. Tarea que puede llevarse a cabo de las formas más diversas, solo hace falta levantar la mirada y ponerse manos a la obra. Como sucede con dos queridísimos artistas plásticos locales, muralistas, pareja en el arte y en la vida: Clara Dellagiovana y Javier del Valle Barrozo. Ellos, conmovidos con el tema de la violencia hacia la mujer, y particularmente con lo sucedido en una localidad, transformaron el horror en arte. Porque solamente en ese rinconcito de nuestro distrito, en unas 15 cuadras a la redonda, tres mujeres fueron víctimas de femicidio, asesinadas a manos de sus ex maridos, todos con restricciones de acercamiento: en 2012, Adriana Gómez que vivía junto a sus 7 hijos y sus padres en la vieja estación Manzone del FFCC Urquiza, Claudia Schaefer, madre de 3 hijos en el country Martindale, de Villa Astolfi y finalmente una muy joven Débora Díaz, mamá de 3 chiquitos, también de Manzone, las dos últimas en 2015. Así fue como iniciaron un proyecto muralista al que bautizaron: "La mujer es sagrada” y así fue como justamente en un paredón de la casa en la que vivía Adriana, a pocos metros de la vivienda de Débora, comenzaron una serie en producción continua. Con la participación de vecinos, familiares y con los mismos hijos de la muchacha plasmaron una obra en un espacio antes ocupado por pintadas políticas o futboleras o grafitis de grupos de jóvenes del barrio que disputan el poder de la calle y que esta vez fueron parte de la pintada. A unas pocas cuadras, en una pared cedida por el dueño de casa, frente al country otro mural de la misma serie, quedó plasmado en recuerdo de Claudia. De todas las Claudias, de todas las Déboras y todas las Adrianas. Hoy ya pasados unos meses ambas obras lucen impecables, cuidadas por todos porque como dicen Clarita y Javier la participación barrial en un mural, incluye, desarro lla pertenencia, sensibiliza, compromete y por sobre todas las cosas visibiliza un drama que duele, lastima y sigue aún cuando deja de ser noticia. Al tiempo el proyecto se trasladó a la sede de un bachillerato popular en la Villa 31 donde hace unos años una joven fue asesinada por su pareja. Las acciones murales de estos artistas, de forma itinerante, se extenderán hacia muchos lugares, sin fronteras, porque lamentablemente esta tan compleja problemática, afecta de manera transversal, a mujeres y niñas de todo el planeta.

Aquí o allá, de una u otra manera seguiremos luchando. Basta! Ni una menos!

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