Catarsis de una espectadora expectante

Por Mayra Ayelén Lorenzo.

19 de mayo de 2016 - 00:00

De mis 24 años de vida, casi 25 estuvieron marcados por la música (me gusta contar la gestación, ya que en esa época mi tía me hacía escuchar a los Guns), y durante aproximadamente 10 me dediqué a ahorrar cada centavo para invertirlo en recitales y shows en vivo.

He sido espectadora y laburante. Dediqué fines de semana enteros a viajar por un show, o a trabajarlo y entender un poco más sobre qué hay detrás de la magia. Escribí sobre música y viví la música, muchas veces para bien y otras tantas para mal. Mis experiencias van del pop más recalcitrante a íconos y leyendas del metal, sin escalas. Un ukelele por aquí, una orquesta sinfónica por allá, y gente de muchísimo talento en cada escenario.

Pero a veces pareciera que esas habilidades no son suficientes, y el show que dio Paul McCartney anoche lamentablemente no fue la excepción.

Uno de los músicos más talentosos y carismáticos de la historia quedó opacado por el desdén profesional de una productora que, espectáculo tras espectáculo, sigue demostrando que su único interés es recaudar.

Ya sé que es un negocio, pero me gustaría que en el medio también hubiese un poco de respeto por el artista y por el público. Porque, si vamos a hablar de números, no es lógico que en un show con 55 mil asistentes, que abonaron entradas cuyo costo variaba entre los $1500 y los $3500, no tenga un sonido nítido.

Si los equipos están, si los profesionales fueron capacitados, y si la gente pagó por el show de sus vidas, ¿por qué nunca cumplen con las expectativas? O mejor aún, ¿por qué no llegan ni a los requerimientos básicos de un espectáculo de calidad?

Desde anoche todas las reseñas que leí sobre el show fueron hojas y hojas de descripciones maravillosas sobre el talento de Paul y su banda, y no digo que no lo merezcan, pero me gustaría que de una buena vez se admita que desde los medios masivos lo único que hacen es dar aval a una pseudo mafia que año a año estafa a millones de consumidores.

Si pudieron hablar de Leila, tranquilamente podrían debatir sobre los saltos en el sonido, la pérdida en el balance de los micrófonos, la saturación que sufrían los parlantes, o de algo mucho más genérico y que nada tiene que ver con el artista: la falta de higiene y seguridad en el estadio.

Ya todos sabemos que McCartney es un genio, que tiene temas maravillosos y que da todo sobre el escenario. Durante décadas se ha hablado y escrito sobre eso. De lo que no se habla es del detrás de escena, cubierto por precarización laboral y recortes de presupuestos injustificados que solo opacan cada presentación en nuestro país. Leer a periodistas especializados en música y ver que no registran este tipo de fallas es una gran decepción porque puede significar cualquiera de estas cosas: no estuvieron en el show y todo lo que ponen es una truchada de copy and paste, están sordos y deberían dedicarse a otra cosa, o prefieren seguir tapando las fallas de una productora en decadencia a cambio de sabrá Dios qué. Cualquiera sea la razón, es patética.

 

Desde mi humilde lugar escribo estas líneas a modo de descargo por todas las desilusiones vividas en estos últimos años. Simplemente son más palabras que quedarán encajonadas como las citaciones que recibe T4F cada vez que defrauda al público, pero que al menos me sirven para comunicar y advertir. Por toda la gente que conozco y que va a asistir, ojalá el segundo show sea en mejores condiciones...sino, no digan que no avisé.

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