Soy Mano: Buscador de Araucarias

Por Víctor Hugo Koprivsek

30 de abril de 2016 - 00:00

Hernán Nievas es un joven profesor de historia, vecino de San Atilio, padre de dos niñas, Aymi de 1 añito y Sofi, de 10. Junto con Gisela, su compañera, llevan adelante la vida.

Hace más de cinco años, Hernán fundó la Biblioteca Popular Paulo Freire, ubicada en mitad de su barrio, allí cumple una labor social importantísima, alfabetizando a personas adultas, contribuyendo a que los más pequeños se acerquen a la cultura, la educación, los libros.
Él es escritor, sus relatos de tinte social describen la realidad y son un fiel testimonio de los anhelos y las historias sencillas de la gente de a pie que transita por las calles del lugar donde se crió y que él mismo eligió para echar las raíces de un hogar y su vocación docente.
Hernán nació el 11 de febrero de 1983, año de la democracia. Pero en estos últimos meses su vida cambió, un tumor “benigno” alojado cerca de su oído estaría rozando su cerebro. Primero, le restó audición y ahora, según los médicos, deben de urgencia extraerlo.
Sin duda que es una operación difícil, tiene fecha para mayo.
Hay veces que las cosas se presentan y al cabo uno es sacudido por la vida del otro. Por eso me atrevo a invitarlos el próximo 3 de mayo, a las 18.45 en La Fusa, escuela de iniciación musical ubicada en Medrano 237, Presidente Derqui. Allí, Hernán presenta su primer libro “El buscador de araucarias y otros cuentos”.
Un libro es una espada.
La obra es conformada por ocho cuentos formidables: “El gol de chilena”, “Billar fotográfico”, “Por culpa del Manco David”, “Cirse el cuento de Fede”, “El buscador de araucarias”, “¿Locura, cordura?”, “Néstor, un héroe de la clase obrera”, y el poema “La brujita rebelde”. Su publicación sin duda dará fortaleza a su espíritu de guerrero barrial y será de gran ayuda para su corazón en este camino que le toca transitar con respecto a su salud.
En la oración profunda, un Dios de barro y fuego alimenta el fragor de las contiendas. Ese mismo Dios es un niño chapoteando con los pies descalzos sobre los charcos de calles torcidas del barrio.
En su mirada, un horizonte de espejos esconde los rostros que nadie ve. Pero la esperanza es una semilla que no se rompe.
Contradicción: sobre mi espalda tu peso abre heridas donde mañana germinarán las alas rojas que batirán su vuelo en mitad de la espesura.
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