Por Alejandro Lafourcade
Por Alejandro Lafourcade
Para los que tenemos entre 30 y 40 años, Los Violadores son una especie de banda mitológica, a la que nos perdimos de disfrutar en su apogeo por muy poco. Por eso, el del domingo fue un show que quedará en la memoria (y el corazón) de las 8 mil personas que coparon el Luna Park para disfrutar del regreso de la formación más clásica del grupo.
“¡Rompan todo, loco!” vociferó Stuka pasadas las 21, parafraseando a Billy Bond, y “Como la primera vez” abrió la noche. Enseguida quedó demostrado que la química no entiende de almanaques, peleas o idas y vueltas: Stuka, Pil, el Polaco Zelazek y Sergio Gramática todavía son capaces de rockear (punkear, mejor dicho) como en los buenos viejos tiempos.
Los 30 años de “Y ahora qué pasa, ¿eh?” fueron la excusa para la reunión, celebrada con los temas que integraron ese disco más un repaso por lo mejor del grupo. Una inquietante actualidad mantienen las letras, muchas de las cuales sirvieron de piedra en el zapato para una dictadura que a principios de los ’80 se resistía a abandonar el poder.
“Viejos patéticos”, “Estás muerto”, “Patrulla americana”, “Por 1980 y tantos”, todas ellas del disco debut, son gemas punk que no perecerán jamás. En medio, “Bombas a Londres”, “Beat africano”, “Mercado indio”, “Más allá del bien y del mal” acompañan a los temas del disco que sirvió para la vuelta. Eso sí: cómo cuesta que el Luna suene bien, más allá de quién esté en el escenario…
“Mi amigo enemigo del alma”, presenta Pil a Stuka y el estadio se viene abajo. La gran dupla del punk nacional volvió por dos horas y por supuesto que valió la pena. El Polaco se mantiene en formol y con Gramática aportan la solidez desde la base.
Fue un regreso esperado para los +40 (los hubo muchos) y la gran posibilidad de rescatar algo de ese espíritu para los que –se insiste- se los perdieron por poco. Los Violadores están en aquel grupo selecto de las grandes bandas del rock nacional. Había que tener agallas para cantar “Represión” en plena dictadura…
Mucho antes de que se tildara así a Cuentos Borgeanos, Los Violadores fueron una “banda literaria”: Orwell, Oesterheld, Bradbury, Burgess… Mucho más que pseudo punkitos con el acento finito.
Por eso, lo que ocurrió el domingo en el Luna Park fue una clase de historia. Gran noche para volar con lo establecido.
