El dolor une a los pueblos. Uno de los principales actos de buena vecindad es estar junto al vecino que necesita. Los momentos difíciles tallan nuestros corazones para siempre.
Un duro golpe ha sufrido la familia Kozuh de Presidente Derqui, una de las cinco rubias, María Angélica, junto a su esposo y compañero de toda la vida, Manuel Eduardo Granda, han partido de esta tierra.
Desde estas breves palabras va el más sentido pésame a los hijos, nietos, familiares y amigos del matrimonio, sabiendo que cuando la película del pueblo desenrolle su cinta en las tardes de nostalgias, ambos estarán ahí.
Ella cruzando por la esquina de San Martín e Iparraguirre, saludando con su sonrisa cordial. Él en la bondad del compañero y padre, en el recuerdo del pibe, allá en El Bajo.
La esperanza nace de la unidad. Esperanza de ver crecer a nuestros hijos entre los recuerdos más queridos, de honrar a nuestros mayores en la memoria del pueblo, de elegir pisar suelo digno a la hora de vivir.
No hay alegría en las palabras de hoy, tan sólo la convicción de entender a Derqui como una gran familia que se une en los momentos duros, que llora en sus rincones las penas de todos y que, mientras el cielo se encuentre con el sol cada mañana, esta ciudad será una casa de puertas abiertas para recibir al caído.
Sueño grande el de aquellos que llegaron hace muchos años, montados en sus carretas o barcos como el papá de Angélica, Don Kozuh, paisano de mi abuelo; conociendo el idioma del trabajo fuerte, del pan forjado con el sudor de frentes blanquecinas y oscuras. Acá nadie sobra. Acá todos fueron necesarios y lo seremos si es que queremos mejorar la calidad de vida de los barrios que nos habitan entre siestas y mediodías.
Trenes que llegan hablan de nosotros. Golpean los rieles, el metal forjado. Hay ruido de amoladoras, chisperío en las veredas. Porque la vida no detiene su andar, es la marcha de las cosas que siguen, es el absurdo que nos enseña a estar juntos.
Porque sólo juntos podremos. Porque sólo juntos seremos.
Queridos lectores del Soy Mano, perdonen esta mezquindad de nombrar las cosas del barrio pero, acaso en la similitud de esta historia ¿no estamos todos? ¿No hemos perdido todos a vecinos de toda la vida en algún accidente fatal? ¿Y pensamos en sus hijos, en sus nietos, en todos los que quedan?
Sé que ayer abrieron las sesiones del HCD, que el intendente nuevo pronunció palabras, que todos después hablaron en micrófonos y hoy saldrán en diarios. Pero déjenme decirles que es fugaz nuestro paso, que somos peregrinos y forasteros. Y que sólo quedará temblando lo que dejemos, lo bueno y lo malo.
Abrazo a los vecinos que sufren. La familia es todo.