Octubreando: La que no cerró los ojos

por Horacio Pettinicchi
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29 de marzo de 2016 - 00:00
“Ella tenía por padres a un rey y a una reina/Nació y sonaron en el mundo trompetas y tambores/Y hubo tiros de arcabuces y cañones/Ella dormía en una cuna de oro con ribetes de plata/Dormía y se inclinaban sobre la cuna las hadas/Eran tres hadas, las hadas /Tres gracias portadoras de dicha/Se inclinaban para ofrecerle bondad/para ofrecerle belleza y amor/ Érase entonces que era una princesa /La más buena, la más hermosa, la más amada/La amaban sus padres /la amaban los pajes /las amas de leche /y las siervas de su madre/La amaban también los campesinos /y los artesanos /y los mendigos /y los hambreados/y la pura gente del pueblo/La princesa era feliz, como digo /Completamente feliz, como suele suceder en los cuentos /Pero, ya lo decían los hombres en el comienzo de los tiempos /Basta que en un cuento alguien sea feliz /para que empiece a asomar la desdicha. Y eso es lo que pasó /No fue, como dicen, culpa de un hada maldita que echó dolor sobre ella /un hada que hablaba de un huso /y de tener quince años y herirse la mano /y quedar hechizada/No fue como dicen los cuentos. /Lo que hubo en verdad, es que la princesa no sólo era hermosa sino que también era buena y amaba/Amaba a sus padres, los reyes /Amaba a los pajes /a las amas de leche y a las siervas de su madre/Amaba también a los campesinos /a los artesanos, a los mendigos y a los hambreados/¡Es que creció escuchando a las siervas /contar sus penas en la cocina del palacio /y viendo a los hambrientos de comida por la ventana de una torre /y a los hambreados de amor por todas partes!/Creció y un día salió del palacio (eso sí es como dicen los cuentos) /Salió y se internó por las calles del reino /Y vio que la vida era eso: /una vieja muy vieja hurgando unos restos /un niño perdido, una casa con hambre/por almuerzo unas papas/Y entonces supo (esto es algo que no dicen los cuentos)/que había dos caminos para ella /Mirar lo que pasaba en el reino o cerrar los ojos/Eso hizo, esto último(como dicen los cuentos)/Cerró los ojos y durmió/Durmió por días, por años/Déjala que duerma, dijo el rey/Déjala, dijo la reina/Ya llegará el príncipe que la despierte /ya llegará, dijeron (por lo menos, eso dicen los cuentos)./Pero porque el príncipe no llegaba /o por no ver lo que sucedía en el reino /la princesa siguió durmiendo /Mientras dormía los reyes envejecieron /y terminó de corromperse el reino /Hasta que el pueblo hizo sonar trompetas /Y tambores /Y arcabuces /Y cañones/Entonces la princesa despertó, pero no ya por el beso de un príncipe sino por una revolución” (La durmiente).
Alegoría? A partir de un clásico cuento de nuestra niñez, María Teresa Andruetto crea en esta poesía (de elaborada simpleza) un reflexivo dilema moral que no escapa a una lectura política. 
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