Ángel Alonso, Vicente Zucca, Oscar Fiorito, Elsa Müller, Norma y Alicia Angerami, Daniel Deluca, Walter Aumenta, Jorge Capelli, Miguel Balbuena, Luis Orsini, Raúl Tito Ramos, Braulio Mier, Irma Brochiero, Rubén Pérez, Hugo López, Omero Vitale, Oscar Román, Rodolfo Nicolini, Omar Gómez, Luis Speranza, Luis Malcom, María Pérez Rita, Horacio Moro, Raquel Gutiérrez, Manuel Pena, Silvia Pena, Jorge de la Peña y Jorge Titi Villar.
El 12 de noviembre de 1966, con estos nombres y la puesta en escena de "Un Guapo del 900”, empezó esta leyenda que hoy cumple 50 años de vida y asombros.
A partir de ahí, una sucesión interminable de nombres, escenarios, luces, telones, butacas, ensayos, trasnochadas, amores, desamores, reencuentros, haciendo un teatro que lejos de envejecer, aunque haya pintado canas, sigue bien vivo.
Las giras repletas de anécdotas y vicisitudes, son parte importante de esta historia. La convivencia, el acarreo de bolsos y escenografías, el compartir nervios y espejos, salas llenas y vacías, las letras que se olvidan y los compañeros que salvan, los aplausos del final, el vino y la parranda.
Desde Montevideo en 1972 hasta la última en Copiapó. El pueblo de los 33 mineros en Chile. Una hora y pico de remís Pilar-Ezeiza, tres horas de avión, 12 horas de micro, acarreo de valijas, desierto de Atacama, calor, perros y sombrillas, mar, viento y arena. Apunamiento en Quito, teatro callejero en las alturas de Latinoamérica. Muchos años antes, dos autos en viaje con destino a Mar del Plata para presentar "El viejo criado”. Rotura de cubiertas de un vehículo y la decisión que no tarda en llegar: el elenco se sube en el coche sano para estar a tiempo, mientras los demás apuran el arreglo, aunque sea para no perder el saludo final.
Todo de bolsillo. El camino de la autogestión y la cultura. Y las anécdotas que se suman. Como aquella, en la que el enorme Tito Cossa comparte un asadito familiar en Pilar, en la casa de Ethel y Pablo. La historia contada de cerca, al oído casi, para que nunca olvide el corazón de lo mucho que fue.
Teatro callejero, barrial e itinerante. Mucho antes de que existieran las casas de la cultura ni siquiera el Lope de Vega, la Comedia del Pilar actúo en plazas, estacionamientos, sociedades de fomento, clubes, centros de jubilados, bodegones y bibliotecas, "sin buscar beneficio económico y con el único fin de llevar el teatro a la comunidad”, como expresaran en una carta publicada este año.
Hoy, muchos de los que pasaron por este grupo dirigen sus propios elencos: Titi Villar, Manuel Vázquez y Hugo Alba, entre otros. O como aquel pibito que en los 80, recién terminada la Primaria, acompañando a su mamá-actriz, empieza ayudando con las luces y hoy es el actual director del elenco: Martín Simeoni, quien asegura que "la Comedia es, fue y será, el semillero del teatro pilarense”.
Un legado de continuidad. Una posta que pasa de mano en mano, de tiempo en tiempo, resistiéndolo todo.
"El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre, donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas y explicar con ejemplos vivos, normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre”. Federico García Lorca.
Feliz aniversario y que viva el teatro.