Antes de avanzar sobre cualquier conjetura, argumento o ensayo sobre el fenómeno del Niño, voy a decir dos cosas. La primera es que desde este humilde lugar y a sabiendas de que antes de que pasen tres meses pueda recontra cagarla mal, voy a darle cien días al nuevo gobierno nacional, provincial y municipal, antes de emitir opinión alguna sobre su gestión.
Punto dos, feliz 2016, estimados lectores del Soy Mano.
Dicho esto, avanzo sobre algo real, concreto, palpable: Mundo Zombi.
Arrastrando nuestro cansancio por la casa, buscando el rincón más fresco, babeando casi, se suceden las horas de los últimos días del 2015 y los primeros del nuevo ciclo. Pegados los párpados por las mañanas y latidos de pies por las noches, digo al recostarse uno.
Durante el día brazos caídos y movimiento mínimo, espalda mojada, remera húmeda, insoportable pantalón de vestir o vaquero. Si te ponés los zapatos es una pesadilla, si andás en pata es una desubicación.
Sólo los dueños del relato están cómodos en sus sillas una junto a otra con el aire a toda marcha y dele darle al teclado. Dichosos de ellos.
La calle, el asfalto si bien no tiene la temperatura de otros años cuando derretía para esta fecha las suelas, tampoco ahora es una nevera. Perdón, ¿dije nevera? Ya estoy como esos pibes y pibas que repiten –ponle gasolina, padre.
Mundo Zombi. Muy pocos no están infectados. El resto sí.
Mujeres desdentadas avanzan por las calles del barrio profundo con carritos de supermercados vacíos balbuceando direcciones imprecisas. Hombres puteando al tun tun, escupiendo maldiciones en arameo. Si no hay pileta en la casa, los niños, tez blanca y sin sol, mueven sus dedos mecánicamente, apretando palanquitas y botones con los ojos fijos en pantallas cuadradas y brillantes.
No existen actividades en las oficinas administrativas, del otro lado del mostrador se chocan unos con otros los cuerpos sin dirección ni exigencias. Los automóviles son hornos maléficos y los colectivos incendian almas.
Menos mal que las mesas están llenas de comidas caseras hechas por tías encantadoras, si no vaya uno a saber qué sería de nosotros.
¿Acaso no sentís la piel pegatosa (hasta invento palabras, mirá) en mitad de la siesta? Algo así como un sopor hecho de vapor que te recubre por completo, ¿no lo sentís?
Están pasando cosas muy raras, hay caras muy raras en los noticieros, diciendo cosas terribles, firmando papeles que retroceden, agujereando el día con maldiciones, preparando el chupadero de sangre.
Mundo Zombi.