Octubreando: La cuestión de género

Por Horacio Pettinicchi
[email protected] 

29 de septiembre de 2015 - 00:00

“¿… Puede enseñar una maestra a esos chicos hambrientos que está bien el orden establecido, que nuestro país y todos los países no tienen que hacer otra cosa que conservar las instituciones tal cual están, las organizaciones sociales, las leyes de hoy? Imposible”.

Esto se preguntaba Herminia Catalina Brumana, (1897- 1954).  
A los 20 años fundó la revista Pigüe y un año después editó su primer libro (“Palabritas”). Maestra, escritora, dramaturga, periodista, discípula de Rafael Barret.
Su voz se dirigió especialmente a los sectores medios argentinos, principalmente a las mujeres, tema principal de su literatura y de su activismo, con el objeto de que ellas se hicieran dueñas de sí mismas y a la vez se convirtieran en motor de la transformación social y el cambio revolucionario.
Tuvo una activa participación en la campaña de liberación de “los presos de Bragado”, tres jóvenes anarquistas (Pascual Vuotto, Reclús De Diago y Santiago Mainini), a los que se torturó y condenó por homicidio en 1931 a sabiendas de su inocencia. 
Luego de su primer libro llegó “Cabezas de mujeres”, un libro de género, donde recrea diversos estereotipos (la maestra, la mancillada, la trabajadora, la socialista, etc.) cuestionando lo que en ellas ve de inautenticidad, de formulismo social, de insatisfacción; de las mujeres que renuncian a vivir una vida que no soñaron, y por resignación enfermiza, terminan trasladando sus fracasos a los hijos, quienes, luego, son cobardes y resignados.
Narraciones enfocadas en la inutilidad del dolor y el sacrificio, en la necesidad de autoafirmación.
Aquella que no lleva la vida que desea, decía, debe alzar su voz de protesta, no a los otros (los gobiernos, los hombres, los padres) sino a sí misma y ser ella.
Condena enfáticamente a la mujer mezquina que vive para la apariencia social o para su sola frivolidad y comodidad. Estima que el más terrible de los sacrilegios es condenarse por miedo a vivir sin amor, casarse violentando la propia conciencia.
Es por ello que son dignas de reconocimiento aquellas mujeres que logran vencer dicotomía, liberarse, separándose del marido, y que la mayor de las inmoralidades es una vida a base de ficción, en la que se soporta y se hace soportar a los hijos a un hombre que por sus actos y sus maneras de ser, sólo puede inspirar rechazo.
La mujer no es un adorno, tiene una misión que cumplir; triunfar en la vida no es lograr éxitos sociales sino ser útil prodigándose.
Tiene que conquistar su libertad: no es el varón ni el Estado los que deben otorgársela, sino lograrla a través de su trabajo y la solidaridad entre ellas.
Es la injusticia de la sociedad lo que llevó al trabajo de mujeres y niños, por ende es a la sociedad que hay que cambiar como hecho revolucionario.
En sus libros, Herminia Brumana bregó por los derechos de las mujeres, el amor libre, el derecho al divorcio, la justicia social, sobre todo relacionada con las dificultades de los niños pobres para cursar la escuela. 
 
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar