Soy Mano: Hermano por siempre

por Víctor Koprivsek

29 de agosto de 2015 - 00:00

Ese vínculo forjado desde la infancia más remota, que llega desde los días primeros en que las cosas sucedían y todo era nuevo. Es un vínculo que viene creciendo de cuando el mundo pasaba en la vereda de tu cuadra y en la mesa con tus padres. Allí donde el destino talla la madera que luego será. 

Es algo único el amor de hermanos, trasciende cualquier frontera y es difícil de explicar, ningún argumento es válido ni nada puede quebrar ese pacto sagrado de la sangre y la memoria. 
¿Es una nobleza o es una identificación?
Mi hermano se llama Sebastián Koprivsek, es herrero, tiene su taller en Derqui, donde trabaja con máquinas de soldar y amoladoras, toma medidas, traza líneas y corta fierros, hace rejas, escaleras, todas esas cosas.
Pero lo que más me gusta de él es el orgullo que siento cuando lo veo. 
Es que viene de lejos el “Seba”, viene de ese horizonte por donde llegan las generaciones del esfuerzo, viene por el camino de los vientos que chocan contra los rostros curtidos de los trabajos, el “Seba” trae consigo el eco de los hombres rústicos de nuestra familia, los anteriores, llegados en los barcos de tierras agujereadas por las balas, con sus mujeres porfiadas, insistentes en arremangarse y seguir.
Yugo al pie de la vida. Forma del tiempo hecho a puro golpe de martillo y pared levantándose hasta en la lluvia.
Entonces cuando tengo el honor de ver a mi hermano, cuando Dios me bendice una vez más con su presencia, y lo escucho hablar con esa sabiduría de aquel que piensa en todos, de aquel que no deja a nadie afuera de sus preocupaciones y ocupaciones; me siento orgulloso.
No sé si es que lo admiro tanto, o lo respeto más, pero la cuestión es que pocas cosas en la vida me hacen sentir tan bien como ser el hermano mayor del “Seba”.
Vivir en Derqui también me hace bien. Y saber que el cielo acá siempre será celeste y el sol siempre será una caricia tibia para el alma tempestuosa. 
Cada mediodía nos reconoce y nos saluda, como Don Pineda o Don Navarro, e incluso el mismísimo Jorge Maciel. Y entre todos esos grosos, va mi hermano, papá de Lauty y Vichen, esposo de Mariel, hijo de Hilda y José, hermano mío. Linda vida así contada en una columna al pie de las noticias, del mundo hostil, sabiendo que hay cosas maravillosas que llenan el aire de chispa. Además de esas amoladoras gigantes o cuando el electrodo se encuentra con la grieta y todo queda sellado para siempre. 
Aguante el “Seba”. Vato loco por siempre!!! 
 
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