El pasado viernes 11, justito en el Día Nacional del Tango, Adriana Varela cerró su año de presentaciones, en Buenos Aires, dónde si no.
La Gata sale a cantar/ envuelta en adrenalina/ y perfuma el escenario con inciensos y glicinas/ con un código de tango sin libros y sin escuela/ y te lo dice pintando con colores de acuarela/. El mejor de los cantores/ tiene la vieja enseñanza/ de callar cuando se debe/ y de hablar cuando hace falta/ Gata mojada de lluvia/ que aligerando los vicios/ sale a andar por la cornisa/ sin caer al precipicio.
Envuelta en un bellísimo vestido plateado, la Gata salió al escenario del ND Ateneo, como cada vez… a romperla. Tras cantar un par de temas, hace encender las luces de una sala llena y uno a uno va reconociendo con nombre propio a muchos de los que la seguimos, tan sencilla y tan cálida como siempre.
La conocemos y nos conoce. Por eso la emoción cuando así porque sí o porque siempre se lo pido o porque sabe de qué va la marcha, como le gusta decir, arranca con “De barro” y tiene la delicadeza de dedicármelo. Y si no que arroje la primera piedra quien alguna vez no miró su vida en el cristal de un charquito, cuando un amor se convirtió en recuerdo. Uffff!!
Parece una atorranta/ cuando canta/ parece que se deja y no se deja/ te da la sensación cuando camina/ que en vez de una mujer, llegan dos minas/ Parece medio loca y te provoca/ porque el tango en su boca es un gemido/ parece que ya nada la sorprende/ parece saber todo de la vida/ parece pero no es lo que parece/ es una gata herida/ Los que cantan a los gritos/ seguirán siendo aprendices/ porque el tango no se canta/ porque al tango se lo dice/ con la pausa y el silencio/ al que aluden los poetas/ despacito, poco a poco para que entiendan la letra/ Cuando el público no escucha/ la gata tiene el orgullo/ de tener la mente fresca/ en el medio del barullo/ yo también escribo y canto/ sin libros y sin escuela/ despacito, poco a poco como la gata Varela *. La mina va deshilachando las palabras hasta convertirlas en sentimiento del más puro o del más oscuro, o como sea, y es ahí cuando se engrandece y enciende la vida. ¿Será quizá porque somos de la misma generación, una generación de mujeres que anduvimos muchas veces por la cornisa sin caer al precipicio?
*Gracias Cacho Castaña por prestarme tu poesía.