“Señorita: perdón por haber comenzado mi esquela con una trasposición de sílabas propia de gentes poco dignas de alternar con personas distinguidas... PD: ¿Sabe ché que me viene la gana de fajarla con un suplemento carero y contundente para que no sea tan otaria y fifistrona? ¡Cha que son farabutas las féminas cuando se les emberretina una viaraza! Pero por suerte me cacha sin perros porque tengo una jafi que no pierde ni que largue cara vuelta. De no... ya verás si te ibas sin cenar habiendo como en el Plaza. Chau, charabona, y no te pongás moños que a lo mejor se te acaban los cortes de melena. ¡Ufa con la cosa que le quiere sacar al bacán sus diversiones. Last Reason” (Carta a la Nami de un Topa (frag.).
Celebrado tanto por Borges en su “El idioma de los argentinos” como por Roberto Arlt en sus “Aguafuertes Porteñas”, este oriental nacido como Máximo Sáenz fue conocido como Last Reason (entre otros seudónimos) por sus aguafuertes y crónicas hípicas costumbristas en Crítica y El Gráfico. Máximo Sáenz escribía para lo que él denominaba “el hombre común” y refleja en su escritura el habla popular rioplatense y el lunfardo de las décadas de 1920 y 1930.
“Un pueblo impone su arte, su industria, su comercio y su idioma por prepotencia. Nada más. Usted ve lo que pasa con Estados Unidos. Nos mandan sus artículos con leyendas en inglés, y muchos términos ingleses nos son familiares. En el Brasil, muchos términos argentinos (lunfardos) son populares. ¿Por qué? Por prepotencia. Por superioridad.
Last Reason, Félix Lima, Fray Mocho y otros, han influido mucho más sobre nuestro idioma, que todos los macaneos filológicos y gramaticales de un señor Cejador y Frauca, Benot y toda la pandilla polvorienta y malhumorada de ratones de biblioteca, que lo único que hacen es revolver archivos y escribir memorias, que ni ustedes mismos, gramáticos insignes, se molestan en leer, porque tan aburridas son”, decía Arlt en 1927, cuando la Real Academia Española exigía que el idioma español se hablara como se hace en Madrid.
Publicó cuentos, obras de teatro y una novela, pero ninguno de estos trabajos alcanzó la repercusión de sus crónicas y aguafuertes burreras escritas desde su pluma lunfarda.
“Si la humanidad entera fuese aficionada a las carreras, cesarían de inmediato las luchas de clases, de razas y de partidos. ¡Que nos vengan a nosotros con fascismo, irredentismo o bolcheviquismo! ¿Para qué lo queremos? No, no joroben. Que nos den un programa con numerosas inscripciones, un día de sol, un buen largador y un juez de raya que no haga macanas, y con eso y un poco de suerte, el mundo es una papa.” Así escribía Last Reason en su “Elogio del hombre que juega a las carreras”.