“Para los curiosos, para los que les gusta viajar, para los que les gusta conocer gente, es el trabajo perfecto, el estado de gracia”, decreta Rodrigo Néspolo, reportero gráfico desde hace 18 años, cuando su vocación desplazó a su profesión, la veterinaria.
En el año 1997 decidió entregarse por completo al fotoperiodismo que desde el 2003 ejerce en el diario La Nación y que, advierte, está bajo amenaza de extinción. “Es el mejor trabajo que se inventó y espero que dure pero es difícil, se paga poco y se consiguen fotos por cualquier lado”, afirma al mismo tiempo que celebra la “democratización de la fotografía”, el pilarense de 44 años cuya vida está plagada de guardias, esperas e instantes capaces de conmover a una sociedad entera.
-Estamos en una etapa que muchos denominan como “la tiranía de la imagen”. La foto es todo y todos somos fotógrafos. ¿Cómo lo vivís?
- Es estimulante porque la fotografía está muy presente en el consumo diario de todos. Todo el mundo puede hacer fotos y las fotos se ven, se comparten. Para mi está buenísimo que todos accedan, también es verdad que la vieja camada de gente que trabajaba con la fotografía, operando un sistema, hoy no tiene laburo. Pero la calidad mejoró muchísimo, siempre hay cosas nuevas para hacer y yo no reniego del avance de la tecnología, es inherente a la fotografía.
-En esta saturación de imágenes donde las redes sociales tienen gran responsabilidad, ¿por dónde pasa el desafío de un fotógrafo?
- En no traicionarse. Me pasó que por tratar de diferenciarme terminé haciendo fotos que no me gustan. Trato de hacer fotos que no me arrepienta de haberlas hecho y de no dejar de hacer fotos que me arrepienta de no haberlas hecho.
-¿Cuál es tu límite?
- El mismo que en la vida. No cambio mucho con la cámara. Tengo el mismo respeto. No creo que la cámara me de una excusa para hacer cosas que no haría sin ella. Me pasó que cuando hacía guardia a personas como Massera, sí, me he tirado arriba del auto y si podía se lo pateaba, y me di cuenta después que sin la cámara hubiera hecho lo mismo, lo hubiese insultado. A veces uno está en situaciones que son públicas y la gente te increpa, me ha pasado haciendo fotos a los cacerolazos. O estás cortando la calle y no querés que te hagan fotos… es también como un juego de derechos. Nunca violenté un domicilio, nunca hice fotos que atentaran contra la privacidad de las personas.
Cantidad y calidad
Desprenderse del vicio de retratarlo todo supone un ejercicio consciente y a veces complicado en un mundo regido por la imagen, donde la fiebre por registrar mucho más de lo que luego estaremos dispuestos a repasar habla de cierta desconfianza implícita sobre las capacidades de la propia memoria.
Relativizando el fenómeno, Néspolo opina que “es muy reciente lo de los teléfonos y las cámaras, yo creo que también eso va a madurar, ya hay mucha gente que no está todo el día haciendo fotos”.
-¿Qué tiene que tener una buena foto?
- Tiene que ver con las audiencias y dónde la estamos viendo. En Instagram una buena foto puede ser una cosa y en la tapa del diario, otra. En el periodismo tiene que tener contenido, contarte algo, y ciertos requerimientos técnicos. Las buenas fotos le gustan a todo el mundo, es mucho más sencillo de lo que parece. Cuando recién empezamos a hacer fotos tratamos de componer de manera muy compleja y buscarle vueltas, doble lectura. Las buenas fotos son muy sencillas de lectura y tienen muchos componentes complejos. Hay luz, sombra, composición y volúmenes.
-¿Recordás alguna foto de otro que te haya marcado?
- Muchísimas, no podría decir una. Un autor que me marcó es Josef Koudelka (fotógrafo checo, nacionalizado francés). Después de ver su obra me convertí en fotógrafo. Son esas cosas que te movilizan hasta el nudo en la garganta.
-¿Te desprendés de la cámara en algún momento?
- Sí, es el laburo perfecto hasta que lo hacés todos los días (risas). Llega un punto que estás medio cansado pero pasan dos o tres días y ya tengo ganas de hacer fotos.
Selfies
“Si tenés una linda foto de una situación de algo que no sos vos, lo podés compartir con miles de personas. Una muy linda selfie le va a gustar a tu familia, a tus amigos y nada más. Es vivir para mostrarlo mientras que lo otro es vivir para contarlo”.
Equipos
“Usé todos. Usé Nikon, ahora uso Canon y también Fuji”.
CROMAÑÓN
Cuando la foto se queda corta
“Cromañón”, responde sin dudar Rodrigo Néspolo, ante la pregunta acerca de la situación que más lo marcó en su carrera.
“Sacabas la cámara y los pibes se ponían muy violentos. Había como una negación constante, se ensañaban con los camarógrafos como si el tapar esa imagen los sacara de ese presente de tragedia”.
En este contexto, afirma: “Nunca vi tantos muertos juntos, fue la primera vez que vi gente muriéndose, fue muy frustrante”. “Cuando veo el material y el de mis colegas, ninguna foto refleja la real tragedia que yo vi ahí y eso fue como una decepción porque seguramente si había más imágenes de lo que yo vi, creo que habría sido mucho más poderosa la respuesta de la sociedad”.
“Tal vez ahí –concluyó- me di cuenta un poquito el lugar que uno tiene con las fotos”.