No soy un gran fanático de Queen. No tengo todos sus discos ni suelo estar al tanto del día a día de la banda. Sin embargo, siempre me han sorprendido por la cantidad de “máscaras” utilizadas en su música.
Estos muchachos fueron de un rock pesado y pelilargo a prolijas baladas para estadios. De una guitarra aguerrida y poderosa a suaves sintetizadores disco. Y, nunca la pifiaron, incluso, cuando grabaron “Hot Space” (1982), aquella incursión a la pista de baile.
Es su amplia paleta sonora la que habla por ellos, una agrupación inquieta que siempre le puso el oído a las tendencias pero también a la experimentación.
De todas sus etapas, yo me quedo con la primera mitad de los setenta. Prolífico momento conformado por “Queen” (1973), “Queen II” (1974), “Sheer Heart Attack” (1974) y “A Night at the Opera” (1975). Discazos que aún hoy suenan a mañana. Los escucho y, durante ese tiempo, son la mejor banda de la historia.
En esos trabajos está su pico artístico. En una época de música trascendental, ellos fueron vanguardia, creando piezas únicas, tan bellas como potentes.
Otra obviedad; cada parte de este combo inglés es insuperable. El creativo bajo de John Deacon, la virtuosa y barroca guitarra de Brian May, la batería que canta de Roger Taylor y la voz, personalidad, magia y todo eso que tenía Freddie Mercury. No habrá ninguno igual, no habrá ninguno.
Más allá de la indiferencia que podemos tener sobre el presente de la banda, claramente, Queen nunca dejó de sonar. Es una banda eterna que se reedita, reinventa y se niega a desaparecer.
Y, habrá nuevo trabajo. ¿Cómo? Sí, parece que a grabaciones sueltas de Mercury, May y Taylor le agregaron música, la que saldrá a fin de año en un disco llamado “Queen Forever”. Regalo para el arbolito.
Pero esta no es la única buena noticia. Por estos días acaba de salir “Queen: Live at the Rainbow ‘74”, un bienvenido registro en vivo grabado en el legendario local londinense.
Con esto podemos afirmar que los primeros y mejores tiempos ya tienen el testimonio que se merecen. La novedad posee distintos formatos: una edición estándar, una deluxe de dos discos (que recoge otro concierto en noviembre de ese mismo año), otra que incluye DVD y Blu-Ray del concierto, 2 LP’s, y una edición de súper lujo con reproducciones de las entradas, un libro con fotografías, pases al escenario, etc. Una verdadera joya para los amantes de la banda.
Escuchar y redescubrir piezas como “Ogre Battle”, “Stone Cold Crazy” o “Father To Son” es una experiencia sublime, que renueva la sangre. Es como sentir el poderío del rock por primera vez.
Por eso, así ando, pegándole a una batería inexistente con espíritu e inquietud adolescente. Sabiendo que hasta que la tierra desaparezca, Queen seguirá sonando. ¡Bravo!