APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA: Relatos salvajes

domingo, 31 de agosto de 2014 · 00:00





por Hernán Deluca


Son las 18.50 hs. de un viernes. Luego de pasar toda una semana en cama, con fiebre, aquí estoy, con fiebre, esperando que se proyecte la nueva película de Damián Szifrón, “Relatos salvajes”. Tengo chuchos de frío y me duelen los huesos. Pero acá estoy, feliz. Sin haberla visto, sé que la pasaré bien. Como dice aquel manifiesto hollywoodense: “No perderé el tiempo, ni me aburriré”.
Espero a esta película desde que supe que entró en pre producción. Sin saber los detalles, conocía al impresionante elenco, motivo suficiente para ponerle todas las fichas. Pero, en la figura de su director estaba mi mayor interés. Después de nueve años “retirado”, Szifrón volvía a respirar cine. Mis esperanzas descansan en él. El director distinto, el gran realizador argentino que cuenta como pocos y divierte como nadie.
Antes de ver una película, lo sabemos todo. El cine nacional como fenómeno. Desde que los medios están metidos en la producción, esto es así. En este caso, ese aspecto comercial estaba potenciado como nunca. Un par de trailers efectivos, las notas previas, el estreno que se retrasa y la ansiedad que nos come por dentro. Sabemos que son seis historias, sabemos quiénes las protagonizan, sabemos que la venganza es el motor, pero el interés no decae. Todo lo contrario.
Como en todo film compuesto por episodios, no es esta una película pareja. Algunos relatos se imponen sobre otros y puede pasar que no coincidamos con cuál gustó más. Pero, lo cierto es que estamos ante un cineasta que sabe lo que quiere, que pone todo su talento en pos de la mejor narración clásica. Aquí no sobra un plano y la dirección de actores es de relojería, si vale el término.
Como espectadores, somos incomodados y manipulados. Aspectos que el mejor cine no debe descuidar.
Breve y previo a los créditos, tenemos el episodio de apertura. Un gran, gran “chiste” en las alturas protagonizado por Darío Grandinetti. La película recién comienza y ya estás con la boca abierta. Cine catástrofe con humor negro.
El segundo relato, algo más extenso, nos ubica en un bar de ruta. Llueve, lo que no es un buen augurio. Allí, la mesera interpretada por Julieta Zylberberg y la cocinera, esa bestia llamada Rita Cortese, reciben a un personaje tan repulsivo como real. Una rata candidata a intendente. El pasado que asoma y la película que avanza en humor y oscuridad.
Lo que sigue es una mezcla de capítulos del “Correcaminos” con algo de “Reto mortal”, la peli del camión de Spielberg. Con Sbaraglia como rostro principal, vemos a dos exponentes sociales enfrentados en una ruta salteña, viviendo absurdas situaciones que desagradan. Sobre todo, por lo que nos llevan a pensar.
El cuarto episodio es el que tiene a Ricardo Darín. El corazón de los relatos, posee la venganza más disfrutada. Una venganza que llega a emocionarnos porque estuvimos allí alguna vez.
Otro punto alto es el que tiene a Oscar Martínez como protagonista. El dinero como dominador y manipulador de toda moral. Brillante.
El final viene con algo de grotesco y cierto desconcierto. Érica Rivas es una novia rica que en su boda se entera de lo que no debe. “Néstor, filmame esto” y una frase que ya se ubica en el firmamento de nuestro cine.
Y, así, sin darnos cuenta, pasan las dos horas. Entre lo clásico (Hitchcock por todos lados) y lo moderno, Szifrón nos intranquiliza de la mejor manera. En estos tiempos, donde las veredas están bien marcadas y enfrentadas, nos ubica en ambos lados, para que salgamos de la sala reflexionando, recordando. Riendo de lo patéticos que somos todos. ¿Cuánto hace que una película nacional no provoca eso?

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