Soy mano: “No estamos solas”

sábado, 7 de junio de 2014 · 00:00

 
por Graciela Labale g.labale@pilaradiario.com

Silvia Palmieri es una mujer de 34 años, con una vida tan rica como por momentos dramática que “pudo haber terminado en cualquiera”. Pero ella, con absoluta fortaleza, eligió definitivamente estar del lado de la vida. Y desde hace un tiempo decidió librar una nueva batalla, una más de las tantas que había librado.
Cuando empezamos la charla, mate de por medio, dispara su primer pensamiento: “de muy jovencita quizá yo era inconsciente de los derechos que tenía, no los conocía, pero igual actuaba. Mi primer parto lo tuve a los 18 años, eran tiempos difíciles, yo vendía cosas en el tren desde los 7 años y para llegar al hospital tuve que pedirle plata a una vecina”. Y es ahí donde sufre el primer maltrato.
De San Miguel tuvo que trasladarse a José C. Paz, pues no la podían atender. Había una emergencia por una vecina que había muerto de parto. Con esta carga a cuestas, nace su primer hijo. Y es ahí donde tras una serie de malos tratos, una profesional, minutos después de parir, le dice con tono autoritario: “quedate quieta, ya no sos una nenita, acabás de dar a luz.”
Esa persona nunca imaginó que esa frase daría lugar a la lucha que hoy convoca a esta valiosa mujer. Instalada en Derqui, con su familia, vuelve a vivir una nueva experiencia de violencia en la maternidad local. Y es ahí cuando todo esto le empieza a dar vueltas en su cabeza.
Interactuando con la comunidad, le llegan denuncias sobre cuestiones que suceden en el Meisner. El caso de Lorena Salto, madre de 7 hijos quien fallece unos meses después de dar a luz, o el caso Olivera, contemporáneo al de Santino a quien dan por muerto en el Sanguinetti, la conmueven.
Es que la violencia obstétrica es una forma de violencia de género y de violación a los Derechos Humanos muchas veces ignorada. Así se pone al frente de una lucha que no tiene techo. Crea el “Foro contra la violencia obstétrica” y hace una campaña, en la que reúne 1.500 firmas.
Ya sobre el final de la charla, esta legítima militante de la vida, militante por los derechos de las mujeres, que levanta su voz ante todo tipo de violencia de género dice: “no estamos solas, me gustaría nos juntemos todas, sin distinción de banderías políticas ni sociales.
Yo tengo un sueño, crear un hogar con talleres y guardería atendida por las propias mujeres donde las víctimas de violencia familiar, sin tanta burocracia, tengan un lugar”. Y la verdad que en boca de Silvia, ¿Quién se anima a decir que esto no pueda hacerse realidad?

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