El Tratado del Pilar y la Constitución

por Alberto Allindo*
domingo, 23 de febrero de 2014 · 00:00

 

Se cumple este 23 de febrero, un nuevo aniversario del primer pacto federal que recuerda nuestra historia, firmado en nuestro pago. El Tratado del Pilar es uno de los Pactos Preexistentes a los que alude el Preámbulo de nuestra Constitución, es decir, que a ese acuerdo se le otorga una existencia anterior a un determinado momento o circunstancia, que es nada menos que la firma de nuestra constitución y consagrar el federalismo como forma de organización de las Provincias Unidas. En dicha doctrina política, el Gobierno se reparte entre el poder central y el de los Estados asociados, nuestras actuales provincias.

No se me escapa que Pacho O’Donnell ha manifestado en diversas oportunidades que “a pesar de que la Constitución habla de un sistema federal, lamentablemente esa luz que irradió y que sigue irradiando el Tratado del Pilar no se cumplió. Somos un país unitario, absolutamente centralista, y la Provincia de Buenos Aires sufre las consecuencias”.

Por eso, este escritor recuerda que “hay que rescatar el espíritu del Tratado del Pilar, es un momento maravilloso del federalismo, que luego lamentablemente se truncó….”

Siendo esto un dato a tener en cuenta, la historia argentina debe incorporar al Tratado del Pilar como un hito en el ideal del federalismo, porque marcó un cimiente para posteriores verdades. Algunas cuestiones de lo federal están firmemente enraizadas en nuestras costumbres, otras aun esperan el político que las ponga en práctica.

En este orden de ideas, se dice que son preexistentes a la Constitución de 1853, por ejemplo, el de Pilar y el Pacto Federal de 1831 (no así el Acuerdo de San Nicolás, que es casi una pre-constitución).

¿Y cuáles son las características o elementos que determinan que el Tratado del Pilar sea considerado un mojón en ese derrotero hacia la ley fundamental de la Argentina? Los principales autores constitucionalistas dicen que para que un acuerdo deba ser considerado preexistente, debe contener las siguientes cualidades:

• Los firmantes deben ser “provincias”, es decir, estados provinciales y no entre localidades.

• Tener un concepto de nación como fundamento.

• Llamar a congreso general.

• Ser de carácter general o constituyente.

En su artículo primero, el Tratado establece que las provincias signatarias, Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, estaban a favor de “la federación”, cuya existencia “de hecho admiten”; y colocan una obligación de reunirse e invitar a las demás provincias y “acuerden cuanto pudiera convenirles al bien general”.

Recordémoslo en su redacción original, así nos trasladamos 194 años atrás:

 

“Protestan las partes contratantes, que el voto de la nación, y muy en particular, en las Provincias de su mando, respecto al sistema de gobierno que debe regirlas se ha pronunciado en favor de la federación que de hecho admiten. Pero que debiendo declararse por diputados los nombrados por la libre elección de los pueblos se someten a sus deliberaciones. A este fin, elegido que sea por cada provincia popularmente su respectivo representante, deberán los tres reunirse en el Convento de S. Lorenzo, de la provincia de Sta. Fe, a los sesenta días contados desde la ratificación de esta convención. Y como están persuadidos que todas las provincias de la nación aspiran a la regularización de un gobierno central, se comprometen cada una de por sí de dichas partes contratantes a invitarlas y suplicarlas concurran con sus respectivos diputados para que acuerden cuanto pudiera convenirles y convenga al bien general”.

 

Nótese que la redacción expresamente invoca los vocablos “nación”, “federación”, “reunirse en” y “bien general”, por lo que aluden a las cualidades reseñadas arriba.

La intención fue clara. Luego, la realidad del poder económico y estrategia de Buenos Aires por una parte y las dificultades de Entre Ríos y Santa Fe para congeniar con el líder Artigas por la otra, establecieron otras prioridades.

Bien lo dice Félix Luna: “El Tratado del Pilar protocolizó el fin de Artigas en el litoral… La Federación por la que él había luchado era reconocida parcialmente en el papel, pero paradójicamente, ese reconocimiento encubría su muerte real”.

Recordemos que están en discusión histórica las cláusulas secretas del tratado firmadas también en Pilar, las que, más allá de su existencia oficial, posibilitaron una gran entrega de armas a Ramírez por Buenos Aires.

Parte de ese armamento, combatieron más al representante de los “pueblos libres” que a los portugueses, destino pretextado por ese entonces.

Pero con todo, rescatemos el momento histórico de la firma de nuestro Tratado y ese plus de valer como importante antecedente de nuestra Constitución Nacional.

 

*Historiador, integrante de la Junta de Estudios Históricos de Pilar.

 

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