SOY MANO: Deuda social, la deuda interna

sábado, 1 de febrero de 2014 · 00:00

 


Por Graciela Labale

El tren como termómetro social. Viajar en tren por el conurbano, en este caso Pilar-El Palomar, sirve para ver cómo andan las cosas, solo hay que prestar atención a lo que te rodea y listo. Mirar y escuchar para tener un panorama sobre lo conseguido y lo que falta, fortalezas y debilidades de un proyecto de país, los más y los menos eternos de un sistema imperfecto y que para muchos sigue siendo perverso. Lo positivo, ver la gente que baja de los micros que vienen del Parque Industrial y se sube rapidito al tren con ganas de volver a su casa tras la jornada de trabajo, aunque la conversación excluyente sea el aumento de precios y el sueldo que ya no rinde como antes.
Reconozco que el recorrido lo hago en uno de esos días donde uno tiene la sensibilidad a flor de piel. El asesinato de dos niñas, Priscila de 7 años en Berazategui y Luciana de 3 en Mendoza, me pegó fuerte porque es algo que viene dando  vueltas por mi cabeza hace tiempo. El tema de la peor de las inseguridades, la que se da puertas adentro una casa y la desprotección y el desamparo de las víctimas, es un drama que se repite interminablemente. Drama que lleva a que uno se pregunte hasta el cansancio, ¿Cuál es el origen de tanta violencia? ¿Cómo se puede llegar a tanto sin que nadie pueda evitarlo? O todas y todos somos ciegos y sordos. Deuda social, deuda interna.
El calor pesa en estos días de enero y en el tren el clima es intenso. Apenas salimos, un hecho que se repite con demasiada frecuencia: un piedrazo golpea, con suerte, en la chapa del vagón y no lastima a nadie y me pregunto ¿A quién se le ocurre disparar contra alguien que viaja en el mismo tren que seguramente esa persona o un familiar suyo también usa cada día? Al momento, una nena de no más de 10 años recibe un puñetazo de un adolescente de unos 14, que iba con ella. La familia observa y no interviene. Naturalización de la agresividad. Y me sigo preguntando: ¿Cuál es el origen de tanta violencia? Deuda social, deuda interna.
Un ejército de vendedores acalorados, van y vienen ofreciendo sus mercancías con distinta suerte. Laburantes sin ningún tipo de cobertura que los ayude a cuidar su salud (el estado de sus dentaduras es la mejor radiografía de esta observación) y mucho menos a asegurar una vejez digna.  Personas con toda clase de discapacidad, niños con tarjetitas  y hasta un señor de edad incierta, de nombre Daniel, que con todos los signos del abandono, se sienta a mi lado y me pide ayuda, sin pudor alguno, porque sufre a causa de su alcoholismo, completan el panorama doloroso de los que no convienen a ninguna estadística. Deuda social, deuda interna.
Reconozco y valoro lo que se ha hecho por la “dignidad de los nadies” en estos años pero es mucho lo que falta. Desde mí, desde esta humildísima columna reclamo más presencia del Estado en los márgenes, no desde la militarización, tan visible con la gendarmería por todos lados, y el control de los sectores en riesgo social sino en la prevención, en la educación, en el análisis sensato y verdadero de la situación de esos grupos y en la creación de políticas de legítima y definitiva inclusión, con la debida supervisión de las mismas, para los que aun sobreviven por fuera del sistema. Si no, ante cada hecho de “inseguridad”, seguiremos preguntándonos, infinitamente: ¿Cuál es el origen de tanta violencia? Deuda social, deuda interna. 
 

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