Octubreando: Jeringa

por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com
martes, 14 de enero de 2014 · 00:00

 

Para escribir hay que vivirla decía Julián Centeya y puedo asegurar que Jorge Roberto Montes la vivió. Caminó la vida por las mismas veredas que lo hizo Carlos de la Púa  o el Negro Cele, se paseó bajo la luna que alguna vez acompañó a Carriego, a los hermanos Tuñón, a Cesar Tiempo y al Katunga Contursi, supo de ese Buenos Aires nocturno, de esa ciudad que amó y lo hizo ser como fue. Y si bien  su vida transcurrió en redacciones de diarios y revistas desempeñándose como crítico de cine y teatro, también nos dejó Tango en el Odeón junto a Cátulo Castillo, obra donde debutó Rodolfo Bebán y que le pusiera música el mismo Pichuco Troilo. Y en ese hacer literario, en ese “vivir la vida para escribirla”, en ese mistongo transcurrir, Jorge Montes nos dejó a “Jeringa”.

Esta novela es lo que fue “El Lazarillo de Tormes” o “El buscón” para la picaresca española. Y si bien en tiempos del Lazarillo o Rinconete y Cortadillo la difícil odisea era calmar el hambre “de arriba”, a nuestro personaje lo  desesperaban otros apetitos, tarea difícil la de capturar borregas o percantas, como las suele llamar Jeringa. Polleras que se habían convertido en obsesión y por recomendación de un sabio borrachín de cafetín lo hacen allegarse al psicoanalistas, sin saber nuestro reo “con que se come” esa palabra.

Jeringa y su corte rante se mueven entre el sabalaje del Mercado Spinetto, junto a Fechoría y Osobuco, con Piñata y el Rusito Simón.

Literatura absurda, no sé… indudablemente existe un dejo de burla para con la literatura misma. Alejada de toda regla se convierte en una auténtica antinovela, escrita en el más puro lunfardo y absolutamente en las antípodas del aburrimiento. Escritura localista, que nos trae un Buenos Aires que ya se fue al cual solo podemos asomarnos en algún viejo tango cantado por Rivero o verlo a través de los ojos de Jeringa.

“Sabe doctor… mi  problema es que me fifé más de quinientas minas, que me vuelve loco darles un jeringazo… y es un problema porque no puedo piantármelas del balero. Vuelven, vuelven siempre. Vienen a golpearme el tabique de la sesera, entran se ponen a patinar allí el día entero y entonces salgo a perseguirlas. Deseo estrecharlas contra mí, haciendo real ese martilleo, me estrolo con la piola que sería tenerlas conmigo, tiradas en una gran catrera, reviviendo las farras, los clinchs y los chipolas ejercicios del pasado, cuando podía mandarme cuatro o cinco saludos en un solo desfile…”

Fragmento de Jeringa.

 

Comentarios

22/7/2021 | 18:23
#0
En que sitio puedo leer Jeringa on line. Gracias