“Me encontré con los viejos amigos”

Alfred Starling es una de las glorias del básquet de Sportivo. Fue uno de los jugadores emblema que llegó al TNA en 1993. “Todo eso fue posible por la gente que nos apoyaba desde afuera”, dijo sobre la hinchada.
domingo, 12 de enero de 2014 · 00:00

Siempre hay hitos deportivos que marcan de por vida la historia de un club. Y de esas historias hay millones, como la que vivió Sportivo Pilar durante la década de 1990.

Un club de barrio, que con el trabajo de los socios y sus familias llegó a alcanzar el segundo escalón del básquet nacional, el Torneo Nacional de Ascenso (TNA).

Entre tantos nombres que hicieron grande la historia del Rojo de la Avenida hay uno que sobresale por su carisma, su juego y su personalidad dentro y fuera de la cancha.

Alfred Starling llegó a Pilar a mediados de 1989, para sumarse al plantel que dirigía Oscar Marín y tenía entre otros al Poliya Nardini, Bebe Zeballos, Gofy Currat, Marcelo D’Andrea, entre otros, ganaba el Regional (actualmente Provincial de Clubes de Buenos Aires) la Liga C y la Liga B, para acceder al TNA.

“Me fui a Ballester a buscarlo, porque él estaba en Deportivo San Andrés. Y le gustó la idea de venir a jugar a Pilar. Formamos una linda amistad con Alfred”, contó Omar Asturiano, integrante de la comisión directiva en la época dorada del club.

El “hijo pródigo” que se marchaba del país en 2001 a Estados Unidos, regresó en diciembre de 2013 a pasar las fiestas de fin de año con la familia de su esposa Claudia Zmuda, oriunda de San Miguel.

Y el club también tuvo que ver con que el exjugador de 59 años formara familia, porque conoció a su actual pareja en Sportivo, ya que ella jugaba al voley en aquel equipo que dirigía Mario De Brito.

De este matrimonio nacieron dos hijas, Sharon, de 13 años, que nació en nuestro país, y Shantel (7), de Estados Unidos.

“Contento de volver a Pilar después de 12 años y encontrarme con viejos amigos”, fue lo primero que le contó Starling a El Diario con su sonrisa particular, sobre el recibimiento que le hicieron sus amigos del club.

“Ya recordamos muchas anécdotas y todavía nos quedan muchas más por contar”, expresó.

 

-¿Qué recordás de aquellos equipos que terminaron haciendo grande y conocido a este club en el mundo basquebolístico argentino?

 

- Cuando vine todo el mundo me estaba esperando en la puerta del club y eso me sorprendió. Estaban todos los chicos. Tengo buenos recuerdos de eso. Hicimos una gran campaña, pero eso fue posible por la gente que nos acompañaba, que siempre apoyaba desde afuera, alentando.

 

-¿Cuál era el espíritu del juego que tenía aquel equipo?

- Teníamos un buen espíritu de juego, nosotros llegamos bien todos juntos, todos tirábamos para un mismo lado, trabajamos como equipo. No era que se destacaba una persona sino que todos trabajábamos juntos. Mostramos mucho juego en equipo y sobre todo éramos fuertes en defensa.

 

-De tu época cómo jugador, ¿en qué varió el juego de aquel momento a la actualidad?

- Todo cambió por la televisión. Hoy en Argentina podés ver los partidos de la NBA y eso ayudó mucho al crecimiento del juego en todo el mundo. Hoy hay jugadores de este país que brillan allá y eso fue por la llegada de los americanos a Argentina, que ayudó a mejorar las técnicas, los fundamentos del juego, más los campamentos que colaboraron para que los jugadores mejoraran su performance. Y eso les abrió la posibilidad de triunfar hoy en el exterior como Ginóbili en San Antonio Spurs.

 

Desde 2001 que Starling y su familia viven en las afueras de Nueva Jersey y trabaja en una escuela enseñando básquet. Tiene un equipo femenino con el que compite en un torneo regional y en el que juega su hija Shantel. “Entreno a chicas de 7 a 9 años. Me va muy bien, es lo que sé hacer”, expresó.

El estadounidense tuvo dos ciclos en el club, de 1989 a 1995 y en el Provincial 1997/98, para luego emigrar a otros equipos. Pero no se olvida que aquí dejó parte de su corazón y que en la próxima visita al país sabe que la primera parada se llama Pilar.

 

Enseña su pasión 

Alfred Starling ahora enseña su pasión, el básquet. Tiene una escuela en la que juega su hija Shantel, de 7 años. “Enseño a chicas de 7 a 9 años”, sostuvo. “Hago una vida normal con mi familia, y trabajo. Enseño básquet en una escuela”, contó.

 

“Mi parte argentina estaba feliz” 

Alfred Starling festejó como un argentino más la histórica victoria de la Selección de básquet, al convertirse en el primer equipo en superar al Dream Team de los EE.UU. en el Mundial de Indianápolis 2002. “Fue buenísimo, yo jugué allá y acá, por eso mi parte argentina estaba feliz. Igual iba a festejar por los dos lados porque si ganaba EE.UU. estaba feliz y si ganaba Argentina, también”, expresó.

Y reconoció que la medalla de oro en los Juegos Olímpicos puso a Argentina “donde están los mejores a nivel mundial”.

 

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