OCTUBREANDO: Penumbra azul

por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com
martes, 9 de julio de 2013 · 00:00

Tenías olor a sur, sentía tu olor, lo palpaba, tenías la palabra lerda, miraba cada una de ellas, como miraba tu espalda, perdiéndose en la sombra del hueco que formaban tus muslos, te acariciaba, lentamente acariciaba la penumbra azul que envolvía tu cuerpo, incitando, retoñando urgencias olvidadas.

Tenías la mirada húmeda, el pubis suave, liso vientre, los pechos generosos.

Construir es amar, me decías, y mis manos, torpes, fundaban en tu cuerpo un territorio sin historia, peregrinaban en él, lo arpegiaban, sembraban en vos la revolucionaria semilla del amor.

Entré en vos como quien entra en un templo, y vos, al igual que el cielo, eras un gran secreto.

Cargabas una tristeza antigua, hábito que todas mis caricias no supieron quitar. Exilio, recuerdos, otras vidas, otros olores, tu cuerpo era un país de sombras, de nieblas tardas en disiparse.

Anudábamos nuestros silencios, acariciábamos nuestros sudores, juntos dimos sepultura a nuestras derrotas.

Acostumbrabas a dormirte aferrada a la almohada, escondiendo el rostro en ella, te agitabas, quejidos de dolor o viejas ausencias se escapaban de tu boca, hasta que mi mano se acercaba a tus muslos, te aquietabas, los abrían suavemente, te acariciaba, te estremecías  despertando la humedad entre tus piernas.

Leía olvidos en las convulsiones de este amor.

¿Qué nos unió? nos preguntábamos, la falta de amor te decía, la necesidad de una bahía donde recalar nuestros fracasos, la urgencia de escapar del horror.

¿Qué dejé en vos?, me pregunto, la huella de mi mano en tu cuello, mis besos en tus muslos, la aspereza de mi mano en tu piel, el sabor de mi semen, mis pequeñas muertes, mis cotidianas derrotas, mi escritura en la memoria de tu piel.

Me dejé todo en vos mujer.

 

(adelanto de una nueva antología del autor, en construcción)

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