APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA: Oficio del cantor

domingo, 9 de junio de 2013 · 00:00

 


por Hernán Deluca

“Ay, oficio del cantor, que sabe abrazar, placer, también dolor. Pues cantar es un gesto de valor para comunicar locura y esplendor. Siempre la pasión y el amor que viene y va… Ay, el canto del zorzal, su pluma se calló, cual lágrima en el mar. La ciudad no deja ver el sol, la nave de papel se voló, como la pasión y el amor, que viene y va”.  
Escucharlo, leerlo. Pocos cantautores son tan genuinos como Palo Pandolfo. 
Más de 25 años sobrevolando, desde el under, la superficie de una tierra que late con la energía de su canto. Palo es un fuego que nos circunda con distintas finalidades. Alimentándonos siempre. 
Furia y oscuridad en Don Cornelio, arco iris en Los Visitantes, nacimiento en “A través de los sueños”, espejo en “Antojo”, luz en un “Ritual criollo”. La suma de todas esas llamas, el cruce de ese calor, abraza en su nuevo disco. “Esto es un abrazo”, dice el cantor.
Del post punk y la ginebra a los colores de América Latina. De “Pescado” y Goyeneche a un rock con marca propia. Su garganta es una tripa que se desnuda en cada presentación. Una sangre que se entrega y acompaña. 
Sinceridad. Imágenes proyectadas, la coherencia en el tiempo. Mis recuerdos: junto a 14 personas en Gesell con la luna iluminando al demonio. La noche termina en un abrazo con whisky. Risas, anécdotas y empanadas en el camarín del Lope de Vega. Gritos desgarrados en la carpa de los docentes. Fiesta resistente en el Pabellón III de Ciudad Universitaria. La firma y dedicatoria en la tapa de un CD y una invitación a comer ñoquis. Descalzos, porque la energía está ahí.
Auriculares en un banco de la plaza y el espíritu del tango que me invade cuando apenas sabía poguear. Palo es rock, la música que elijo y vuelvo a elegir para perpetuar mi juventud.
Hacía cinco años que no teníamos noticias discográficas de él. Conformes, seguíamos mezclándonos con sus distintas miradas, sabiendo que Palo es el resultado de una mezcla. En ese sentido, “Esto es un abrazo” llega en el momento justo. A rubricar la síntesis de una obra. 
Trece nuevas composiciones, espirituales y brutales. Un verdadero disco de rock nacional que va desde un mantra a lo Lennon (“En sintonía”) al hardcore más crudo (“Dame luz”). En el medio, su estética, su propio género, barro y electricidad. Ese estilo que se clasifica a partir de sus sonidos. Canciones como “Madre computadora” o “Ando adelante” conectan con su pasado gracias a una voz familiar. La de un artista que siempre está. Dignificando su oficio.

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